‘Cocina Solidaria, donde las manos se unen para llevar alimento a los más vulnerables en Montería

‘Cocina Solidaria, donde las manos se unen para llevar alimento a los más vulnerables en Montería

En el barrio Furatena, sur de Montería, justo al lado de la urbanización Los Recuerdos, está un templo religioso llamado María Teresa de Calcuta, donde desde hace una década, habitantes de los sectores vulnerables de alrededor han recibido una mano amiga.

Allí, en esa edificación donada por empresarios antioqueños, más de 250 personas en extrema pobreza acuden en busca de sustento alimenticio del día y además tienen la oportunidad de capacitarse en distintas actividades productivas.

La emergencia por la Covid-19 obligó a que este templo sagrado cerrara sus puertas, pero la vocación de una de sus fundadoras, María Milene Andrade, la impulsó a buscar otras alternativas para que, en sus palabras siguiera siendo un lugar que emana “leche y miel” para los más necesitados.

Es así como tocando puertas, la abogada y quien fuera defensora del pueblo por más de 10 años, convocó a los chefs más prestigiosos de Montería para que unieran sus manos en un fogón llamado ‘Cocina Solidaria’, que en estos tiempos de crisis y preocupación por el día a día se ha convertido en una bocanada de aire fresco – y delicioso- de más de 500 personas.

‘Respeto, humildad, solidaridad, compañerismo, unión, son algunas de las palabras que reposan en la sala de usos múltiples del templo religioso, donde los jóvenes aprenden valores y se instruyen sobre distintas labores. Mismos valores que pregonan chefs de la ciudad como Miralba Usta, Antonella Velásquez Mendoza, Sergio Cujavante Paternina, Jennifer Jattin, entre otros.

Ellos colocan su talento a disposición, su sazón, sus manos y los alimentos llegan gracias a donaciones de distintos sectores y en distintas cantidades.

“Estos han sido mis mejores días de cuarentena, te lo aseguro”, soltó Antonella al aire mientras continuaba la preparación de un suculento arroz con pollo con ayuda de Sergio y Jennifer.

El trabajo detrás de cada ración en grandísimo, los chefs dirigen, preparan, mezclan, le dan el toque distinto a esos platos para que alimentan cuerpo y alma de los hogares a los que lleguen dos veces por semana.

En la cocina, las mujeres de la comunidad que colaboran con el Templo-Comedor son las que se encargan por velar las raciones, la cocción de los alimentos, el traslado y empaque de estos.

“Esto lo estamos haciendo con amor, como lo hacemos en nuestros restaurantes, e invitamos a quien puede donar cualquier alimento a que lo haga que aquí lo recibimos y los multiplicamos”, añade Antonella, quien es la chef que está a cargo de que cada comida tenga los componentes nutricionales suficientes para que el plano no solo sea rico sino saludable.

El ingrediente principal de esta iniciativa ha sido, en voz de María Melene, el trabajo en equipo y el enfoque de todos los que hacen parte de la bonita labor hacía el mismo sentido.

“Los proyectos que no hacen en equipo no salen adelante y cuando aquí está todo mundo con una sola visión, que es la de servir y no la de figurar, porque aquí una porción y una ración que llega a un hogar se entrega en el nombre del Señor”, expresa Milene emocionada.

Hoy llegan a 500 personas, con raciones generosas que fácilmente rinden para dos personas y con el compromiso y las ganas de distintos chefs de la ciudad que se rotarán para llevar distintas sazones a los hogares más vulnerables de la capital, pero en las próximas semanas serán más de 700 las personas que recibirán este alimentos fresco, saludable y exquisito.

“Aquí hemos logrado que la solidaridad aflore. Frente a este tiempo, el que dio, el que aportó es el que va a recibir porque el Señor paga el 101%. Tenemos que dar de lo que tenemos más no de lo que nos sobra y esto tiene que inspirar desde lo público a convertirlo en permanente”, fue la frase aleccionadora con la que finalizó María Milene.

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