Cuando los boxeadores tumban aficionados

Cuando los boxeadores tumban aficionados

Pesos pesados que caen sin que nadie los toque, ‘Látigos’ que terminaron siendo rejos y manos invisibles que tumbaron al contendor, son episodios que rodean a este episodio.

La decisión unánime que, el pasado 4 de abril, coronó a Mauricio Pastrana como nuevo campeón del mundo en la categoría de los supermoscas, revivió entre los aficionados al boxeo la vieja polémica de si en este deporte existen los ‘tongos’ -nombre con el que se conoce a las peleas arregladas en otras palabras: trampas o estafas-.

Y aunque para algunos expertos en este deporte la pelea de Pastrana y ‘Guapito’ Torres fue tan sólo una viciosa interpretación de algunos Jueces, el boxeo colombiano registra desde sus inicios memorables e inolvidables ‘tongos’.

Uno de los más sonados se remonta a 1972 cuando llegaron a Montería tres boxeadores chilenos, encabezados por el temible Eduardo Cartens, letal pegador de la categoría de los medianos. Este púgil acaba con la fama de contendores colombianos y también con la de campeones importados de Panamá y Venezuela.

En Colombia ya sólo le quedaba como retador de peso y de respeto el campeón nacional de los medianos: el vallecaucano Luis Carlos ‘Joe’ Casarán.

Después de pactada la bolsa, la pelea se arregló en Montería. Tres días antes del pleito la boletería estaba vendida y en la calle ofrecían los últimos tiquetes en 5 veces su valor. Buses fletados de aficionados del resto de la costa llegaron a presenciar el enfrentamiento.

Lo que no sabían los emocionados aficionados es que Cartens organizó un ‘tongo’, con la anuencia de ‘Joe’ Casarán. El ‘arreglo’ consistía en que el primero, siendo el gran favorito –las apuestas estaban 10 a 2 en su favor –se dejaba caer en el 5 asalto.

Pero el conocido empresario monteriano, gran aficionado al boxeo y a los gallos, Joaquín Ghisays Figueroa, se enteró, por intermedio de su red de apostadores, del tongo montado por el púgil chileno. Ghisays se dispuso a darle una lección a Cartens, de cómo se hace un ‘tongo, recuerda uno de los apostadores.

La noche antes de la pelea Ghisays se entrevistó con Joe Casarán. Después de ofrecerle una fuerte suma le dijo:

– Tú te vas a caer en el cuarto asalto. Con un apretón de manos quedó sellado ‘el contrato’.

Para la noche del combate, que la afición esperaba con expectativa, los amigos de Cartens apostaban a favor de Casarán. La casi totalidad de asistentes le iban al chileno. Por su parte la red de apostadores de Ghisays recogía todas las apuestas que hacían los amigos de Cartens. 

En el cuarto asalto, luego de un cruce de golpes, ‘Joe’ Casarán se fue a la lona. El Juez comenzó con el 1,2,3… Cartens suponía que el vallecaucano estaba haciendo un poco de teatro, pero se aterró cuando la cuenta iba por 7, 8… y el ‘Joe’ nada que se levantaba.

El chileno salió de su esquina, apartó al árbitro y le gritó a Casarán: “¡Párate coño, que no te he pegado!”. El Juez prosiguió el conteo hasta diez y trató de levantar la mano del ganador quien lo empujó violentamente.

Cartens solo vio cuando Casarán se metió ágilmente entre las cuerdas y saltó a ring side y lo vio por última vez en su vida cuando iba corriendo desesperadamente hacia la salida de la arena.

Horas después, mientras Cartens por su desmedida afición al dinero se lamentaba de haber perdido, Joaquín Ghisays, junto con toda su red de apostadores celebraron su triunfo a los acordes de la ya desaparecida Sonora Cordobesa en los salones del Cocodrilo Cabaret – Bar, que era atendido por despampanantes ‘coperas’ que recorrían las mesas en minifaldas y en toples.
Un conocido mesero apodado ‘El Terrible’ o ‘El Terri’, que trabajó por muchos años en el mencionado bar, asegura que Ghisays llegó con el botín y que la parranda demoró más de un día. El ‘Joe’ Casarán llegó horas más tarde para sumarse a la celebración y fue recibido de pie y en medio de un estruendoso aplauso de los apostadores, invitados, ‘coperas’, cabrones y putas.
Lo que siguió hace parte de la intimidad social ‘cabaretesca’ de Montería que jamás me atrevería a narrar.

De Miami a Madrid

Para la década de los 80 los españoles disfrutaban de su mejor prospecto en el ring en la categoría de los pesos pesados. La afición pedía un contrincante extranjero para su campeón.  Entonces los empresarios contactaron a un conocido promotor de Miami apodado ‘El Rápido’ Félix, mote que adquirió no por su rapidez en el cuadrilátero, ya que nunca fue boxeador, sino por lo ágil que era para conseguir retadores ‘arreglao’.

Félix comisionó a su entrenador de cabecera, un cubano radicado en Miami y a quien todos conocían como ‘El Cojo’ Estrunca, para conseguir un boxeador cubano con buen palmarés para llevarlo a Madrid. Después de encontrarlo se le tomaron varias fotos y se le hizo una biografía que fue enviada al país ibérico.

Días antes de viajar a España se le informó a boxeador que en Madrid se le conocía como Joseito ‘La Serpiente’ Díaz. El reptil remoquete se debía  a que su pegada era tan letal como la ‘picada’ de una culebra venenosa.

La pelea se realizó en el Campo del Gas de Madrid. Varios residentes cubanos asistieron al gimnasio donde entrenaba ‘La Serpiente’ Díaz para alentarlo.

Llego la noche del pleito. Al subir al ring el retador cubano emocionado escucha la ovación de todos sus paisanos que asistieron en masa a la celada.
Antes de salir para el primer asalto ‘La Serpiente’ le dice al ‘Cojo’ Estrunca: “Voy a salir a matarme”. De inmediato suena la campana. ‘El Cojo’ llama al ‘Rápido’ Félix, le cuenta lo sucedido y le pide: “Coño chico, aguántale el caballo”. De pronto se escucha una algarabía, el campeón Español ha caído a la lona, pero a la cuenta de siete se levanta y a duras penas terminó en pie el primer round.

Félix se acerca a la silla donde descansa ‘La Serpiente’ y le dice: “Te me dejas de vaina, nadie te dijo en Miami que venías a perder, pero tampoco se te dijo que ibas a ganar, o es que te quieres regresar nadando a Miami”
Por último, ‘El Cojo’ Estrunca dice al oído de su púgil, mientras le coloca el protector bucal: “Tú no viniste aquí a matarte sino a tirarte. La próxima mano que cojas te quedas en la lona, que en el hotel vas a coger tus buenos ‘verdes’”.

Y así fue. En el cuarto asalto los seguidores cubanos quedaron silenciados, su ídolo cayó a la lona después de un inofensivo gancho del  español.

De la bolsa –mejor del ‘botín’– no se sabe cuánto le tocó a ‘La Serpiente’ Díaz. Lo cierto es que ‘El Cojo’ Estruca y ‘El Rápido’ Félix estuvieron varios días en Madrid celebrando con los empresarios españoles.

Otro asalto

– Aló. ¿Hablo con el papá del boxeador Wilfrido Aponte?

– Sí, Yo tengo un hijo que se llama así y que fue boxeador hace algunos años pero ahora es mecánico.

– A su hijo le dicen en el argot boxístico el ‘Látigo’ Aponte?

– ‘Látigo’… Laguito es el que le voy a poner cuando regrese a la casa por irresponsable. 

Estos son algunos apartes de la entrevista que concedió el padre del boxeador ‘Látigo’ Aponte al director de noticias RCN, Juan Gossaín.

Todo esto ocurrió a comienzos de 1990 cuando se montó en la ciudad de Montería la pelea entre Miguel ‘Happy’ Lora y Wilfrido ‘El Látigo’ Aponte.

Era el regreso del ídolo monteriano  al tinglado de su tierra natal. Aponte desde su llegada a Montería inició una guerra psicológica contra el excampeón de los gallos. Salía a la puerta del Hotel Sinú donde se hospedaba y declaraba ante periodistas y curiosos que iba a ‘masacrar’ al ‘Happy’. Esta actitud despertó en la afición un ‘resentimiento’ contra el peligroso ‘Látigo’.

El coliseo se llenó. Cuando el ‘Látigo’ Aponte subió al ring se escuchó una rechifla, pero apenas Aponte se quitó la bata un silencio, de esos que llaman sepulcral, invadió el escenario. El panameño era sólo pellejo y hueso… parecía de verdad un látigo, pero de abarca.

Los dos primeros asaltos fueron de los que llaman de tanteo. Al llegar al tercero, el ‘Látigo’ al parecer recibió un ‘anestesiante’ golpe que lo mandó a la lona. Aún los aficionados tratan de recordar cuál fue la mano que mandó al frustrado mecánico a la lona. El escándalo que generó esta pelea fue de ‘título mundial’. El ‘Latigo’ fue detenido y confiscado su ‘botín’ por varios días. Incluso el propio ‘Happy’ Lora lo recuerda y dice que a él también lo timaron.
No todos son ‘tongo’

Pero no todas las estrategias en el boxeo son tongo. 

Para 1987 el manejador Billy Chams consiguió  una oportunidad para que Fidel Bassa, uno de los boxeadores más carismáticos de Colombia, peleara con el campeón mundial de los moscas, el ídolo panameño Hilario Zapata.
La pelea fue montada para el 13 de febrero de 1987 en el prestigioso Country Club de Barranquilla, ciudad que había decidido adoptar a Bassa.

Zapata, que era reconocido entre la afición por hablador y mañoso, fue recibido con hostilidad. Un claro rechazo que se sintió también en la rueda de prensa que se dio el 9 de febrero de 1987 que antecedió al combate. La de primera pregunta se convirtió en la última y en la derrota de Hilario Zapata.

El periodista Hugo Urruchurto le preguntó a Zapata si era consumidor de cocaína y si era cierto que en una ocasión estando drogado le había pegado a la mamá.

Y ahí fue Troya. Dicen que el cara que Billy Chams se dibujó una larga sonrisa.

El boxeador se levantó, pasó por encima de la mesa, cayeron vasos, botellas de agua y sillas, y trató de alcanzar al periodista para levantarlo a trompá.

La reacción de la Policía fue magistral, como si se la esperaran. Y salvaron al aguerrido periodista. Hilario era toda una fiera. Pero ya la suerte estaba echada. Lo que se le venía fue su perdición.

De allí en adelante un grupo de seguidores de Fidel Bassa -dicen que llegaron de Repelón, Baranoa y Ponedera, en buses que pagó Billy Chams- iban sagradamente todos los días al gimnasio donde se entrenaba el panameño a gritarle un estribillo que también llevaron escrito en bien diseñadas pancartas y pasacalles: “Ra Ra Ra… Zapata le pegó a la mamá”.

“Ra Ra Ra… Zapata le pegó a la mamá”. Seguido le entonaban un estribillo muy famoso en Barranquilla al que llaman el ‘Corito Celestial’, aprendido hacía muchos años atrás en el destartalado Estadio Romelio Martínez, bajo la dirección del hoy fallecido Édgar Perea (R.I.P.).

A la pelea asistieron más de 5 mil aficionados. Todo estaba lleno de pancartas alusivas a la progenitora de Zapata y cada vez que terminaba un asalto los asistentes entonaban los estribillos.

Y aunque muchos lo niegan, los panameños aseguran que en uno de los asaltos en que Bassa arrinconó a Zapata contra una esquina, una invisible mano ‘tropezó’ con el tobillo de Zapata y lo hizo caer a la lona. Lo cierto fue que en ese momento se oyó gritar a Billy Chams: “Cuéntenle”.

El árbitro mandó a Bassa a una esquina neutral y comenzó a hacerle el conteo de protección al ‘Canalero’. Este no se la creía y levantó los brazos para indicar que seguía en el combate. Sonó la campana. Se acabó el asalto y en seguida empezó el estribillo: “Ra Ra Ra Zapata le pegó a la mamá”. Y esa misma noche se inventaron otro y se escuchaba a lo último: “¡Zapata! ¡Saca la bolsa!”.

Fue allí que Hilario Zapata se dio cuenta que estaba en problemas y que de esta no saldría vivo con el cinturón de Título Mundial, por lo que decidió dejarlo.

De nada valieron los reclamos de la esquina del panameño.

Por decisión unánime Fidel Bassa le arrebató el Título Mundial a Hilario Zapata y se convirtió en el nuevo monarca de las 112 libras (Peso Mosca).

Por su parte, Zapata lo único que dijo fue: “En Panamá me las pagan”… Y así fue.

La pelea de revancha en Panamá fue programada para el 15 de agosto de 1987 en el Coliseo ‘Gimnasio Nuevo Panamá’, con capacidad para 17 mil espectadores. Se dice que para llenarlo, y para el desquite, regalaron entradas.

Ésta pelea también estuvo precedida de agresiones verbales, en esta oportunidad, por parte de los seguidores del ‘Canalero’. Se presagiaba una oscura y agresiva velada.

Dos días antes del pleito una cadena local de televisión se dedicó a pasar apartes de la pelea de Barranquilla y repetía los ataques del público contra Zapata. Esto llenaba de deseos de venganza a la afición panameña, que no veía la llegada de la hora de la pelea.

Luego de 15 emotivos y dramáticos asaltos, los jueces, en una controvertida decisión dieron un empate. Contra todo pronóstico Fidel Bassa retuvo el título.
El fallo ocasionó la ira de los aficionados panameños que comenzaron a arrojar toda clase de objetos al cuadrilátero y a los sitios donde estaba la prensa colombiana.

El narrador Édgar Perea (R.I.P) junto con varios colegas,  tuvieron que ocultarse debajo del ring durante dos horas, lo mismo que Fidel Bassa y todo su cuerpo técnico, para protegerse de la lluvia de pilas, botellas y sillas que lanzaba el público.

El final de todo es que Fidel Bassa reinó por muchos años y cada vez que peleaba por Título Mundial todos los colombianos tenían el corazón en la mano. Pero nos enseñó que nada está perdido hasta que suena la campana en el último asalto indicando que la pelea se acabó. 

¡Y así es la vida!

Hay que pelearla, con pasión y entrega, hasta que suene la campana que indique que el último asalto se acabó.

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