El poder de la educación ambiental

El poder de la educación ambiental

Desde tiempos pretéritos nosotros los seres humanos hemos interaccionado con el medio natural ya sea para subsistir o para explorarlo de menara obstinada y a veces insensata, los problemas ambientales no son nuevos sólo que ahora son más evidentes y podríamos decir que hay una ola de agitación mediática que nos permite conocer con mayor precisión en el tiempo los vejámenes que cometemos al medio natural.

Sin embargo, lo que hace especialmente preocupante la situación actual es la aceleración de esas alteraciones, su carácter masivo y la universalidad de sus consecuencias casi siempre nefastas para nosotros mismos y que amenaza nuestra existencia como especie.

Los conflictividades ambientales ya no aparecen como independientes unos de otros sino que constituyen elementos que se relacionan entre sí configurando una realidad diferente a la simple acumulación de todos ellos.

Por ello, hoy en día el lenguaje y la adjetivación juegan un papel determinante a la hora de actuar, no podemos seguir hablando de cambio climático pues eso ya ocurrió hace rato, ahora nos enfrentamos a una crisis climática producida por nosotros mismos y que necesita una pronta pero planificada respuesta para mitigarla.

No podemos hablar de algo más que de simples problemas ambientales, nos enfrentamos a una auténtica crisis y la gravedad de la crisis se manifiesta en su carácter global. Ante este panorama, para nada alentador, no podemos limitarnos a percibir esta crisis como conflicto en el que determinados planteamientos sobre el mundo y sobre la vida resultan inadecuados.

Si somos conscientes de que sólo en un ambiente de crisis se consideran y se desarrollan soluciones que por demás deben ser innovadoras, parece claro que tenemos ante nosotros el desafío de encontrar en la crisis una ocasión para reinventar de forma colectiva nuestra forma de entender y relacionarnos con el planeta.

Pero estas soluciones no pueden ser solamente del orden tecnológico, el desafío ambiental supone un reto a los valores de la sociedad contemporánea ya que esos valores, que sustentan las decisiones humanas, están en la raíz de la crisis ambiental.

En este contexto, la educación ambiental tiene un importante papel que jugar a la hora de afrontar este desafío, promoviendo un modelo de aprendizaje innovador e incluyente que se caracterice por la anticipación a los problemas y que se sustente en la participación proactiva de toda la ciudadanía que permita no sólo comprender, sino también implicarse en aquello que queremos entender y resolver.

Sin embargo, no podemos creer que existe un método mágico para superar las causas estructurales de nuestra desidia contra el medio ambiente, el carácter estratégico que la educación ambiental representa en todos los niveles de la escolaridad debe ser preponderante hacia el logro anhelado de tener una sociedad más consciente de su responsabilidad con el planeta y con las generaciones futuras y el desarrollo sostenible.

Sin embargo, es claro que la acción educativa y de aprendizaje, por sí sola, no es suficiente para responder al reto ambiental, se requiere del concurso decidido de todos los actores ambientales para lograr ese propósito, es necesario convencernos que para contribuir con eficacia a mejorar nuestra relación con los ecosistemas, la acción de la educación debe ser integral, es decir, estar vinculada con la legislación, las políticas públicas, las medidas de control y prevención y las decisiones que los gobiernos y el sector privado adopten en relación a nuestra carta de derechos fundamentales, que son de por sí un llamado patriótico a defender el patrimonio común y colectivo de todos los Colombianos.

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