La apariencia mafiosa de las ‘Chuzadas’ en Colombia

La apariencia mafiosa de las ‘Chuzadas’ en Colombia

Por: Toño Sánchez Jr.

Los dos oficios más antiguos de la humanidad son la prostitución y espiar a los demás. Con el primero hasta cruentas guerras se han dado; con el segundo, muchas batallas se han ganado y pero demasiadas vidas se han destruido. Pero hay una gran diferencia entre espiar por ‘seguridad nacional’ a ‘chuzar’ para perseguir a tus contradictores, a periodistas y al poder judicial que te investiga.

No hay duda que desde cuando el DAS se puso al servicio de los mafiosos las salas de grabación y la tecnología para espiar se puso en venta. El que tuviera el billete podía vigilar para saber qué hacían los demás, amigos y enemigos, para después matarlos… o desacreditarlos… o para ponerlos a su servicio por medio de la extorsión.

Al salir a luz todo este nuevo escándalo de las ‘chuzadas’ en Colombia uno parece que estuviera en la Corte de Nueva York donde se realizó el juicio de Joaquín Guzmán Loera, alias el ‘Chapo’, como lo relató de manera excelente J.J. Esquivel en su libro ‘El Juicio’ (Editorial Grijalbo).

Allí en ese juicio se supo que el colombiano Christian Rodríguez, paisa, fue quien le montó al ‘Chapo’ Guzmán una plataforma para su sistema de comunicaciones. Fue allí que el mafioso comenzó a vigilar a sus socios, enemigos, gobierno, jueces, amantes y esposas. Todo se hizo con unos equipos comprados en Holanda por valor de 3 millones de dólares. Lo que nunca supo el ‘Chapo’, solo se vino a enterar en el juicio, fue que Rodríguez se había entregado al FBI y le dio todas las claves y contraseñas a esta agencia federal, que se dio a la tarea por unos años de grabarlo y así reunió más de un millón y medio de comunicaciones, mensajes de texto y chat del jefe del cartel de Sinaloa. Prueba que lo dejó fulminado ante el jurado en su juicio.

Quiero precisar que este Christian Rodríguez había hecho lo mismo para sus jefes mafiosos en Colombia, los Cifuentes Villa. Recuerden a Francisco Iván Cifuentes Villa, alias ‘Pacho’, que fue asesinado por ‘Rogelio’, jefe de la ‘Oficina de Envigado’. Su hermana Dolly Cifuentes Villa fue mujer de Jaime Alberto Uribe Vélez, alias ‘El Pecoso’, con quien tuvo una hija, Ana María Uribe Cifuentes, quienes fueron extraditadas a los Estados Unidos por narcotráfico y lavado, y allá pagaron una corta condena.

Recordemos, para ponernos en contexto mafioso, que ‘Pacho’ Cifuentes empezó como peón de ‘Don’ Santiago Ocampo Zuluaga, un narco, ya fallecido, de los años 70 y 80 del Siglo pasado. A los 14 años ayudó a cargar una avioneta de don Santiago con cocaína. Todo parece indicar que a este Cifuentes lo asesinaron por ser sospechoso de ser informante de la DEA. Su hermano, Jorge Milton Cifuentes Villa, narró en el juicio al ‘Chapo’ Guzmán como toda su familia hizo parte del narcotráfico y cómo montaron todo un sistema de encriptación y vigilancia electrónica. En lenguaje mafioso, ‘chuzar’.

Hoy, uno podría inferir que toda esta estructura mafiosa de espiar y ‘chuzar’ se impuso en la vida política de Colombia. Es una fiel copia de la mafia.

Acá, supuestamente en la legalidad, con un agravante. Que las salas de grabación se convirtieron en una herramienta política y de desquite.

Esto ha llevado a que ex generales del Ejército y la Policía, para mantener su poder en el retiro, y hasta para cuidarse de sus pecados, se graben unos a otros y pongan estas salas de grabación al servicio de grupos políticos, en especial a los de la secta.

En una dictadura o régimen totalitario uno entendería, más no aceptaría jamás, que se vigile y se grabe ilegalmente a los demás; pero en un Estado de Derecho esto es inconcebible… pero lo triste es que esto es real.

Este país tiene comportamientos mafiosos en su política que nos hace alejarnos de la verdadera definición de democracia.

Quiero dejar en claro que estoy de acuerdo que por salvaguardar la vida de los ciudadanos el Estado vigile a los bandidos de todo pelambre, lo que nunca se puede admitir es que esos mismos equipos los utilicen poderosos políticos, militares y policías para delinquir. O para vender esa información al mejor postor.

Y todo esto lleva a lo mismo que está carcomiendo a este país, a los dos extremos.

Porque la destrucción del otro, al parecer, ha dado licencia para que se utilicen todas las ‘herramientas’ y formas de lucha, en especial las ilegales y mafiosas.

Todo esto es utilizado también por el Poder Judicial para victimizarse y aprovechar para esconder sus ilegalidades.

Lo terrible de todo esto es que a muchas personas las judicializan con estas ilegales grabaciones. Pero a los autores intelectuales de estos terribles delitos nadie los persigue ni a nadie le interesa encontrarlos.

Vivimos en un país que se hace llamar una democracia pero que su andamiaje es propio de las estructuras mafiosas, lo que nos lleva a la desgraciada situación del ‘todo vale’, siempre y cuando los involucrados, o presuntos responsables, sean los llamados líderes políticos… que se vuelven intocables, sean zurdos o derechos.

Desde la primera década del 2000 arrastramos tres males que se han arraigado en este país: Violentar la Constitución a conveniencia del Presidente de turno. Empujar a los militares a dar resultados asesinando inocentes. Y las ‘Chuzadas’.

Y los responsables con sus huestes, muertos de la risa y disfrutando de buena salud y buen billete.

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