Papa Francisco celebró el jueves santo sin lavado de pies, la procesión de las ofrendas y la reposición del Santísimo Sacramento

Papa Francisco celebró el jueves santo sin lavado de pies, la procesión de las ofrendas y la reposición del Santísimo Sacramento

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Visiblemente decaído, pero fortalecido en la fe y con un mensaje esperanzador, el Papa Francisco realizó la misa del Jueves Santo desde la solitaria Basílica de San Pedro, en Roma-Italia.

Durante la inaudita misa del Jueves Santo de la Cena del Señor con el Papa Francisco, la celebración del rito del lavado de pies, la procesión de las ofrendas y la reposición del Santísimo Sacramento fue omitida debido a la pandemia del Coronavirus.

“Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan y con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene”, expresó.

Durante la misa el sumo pontífice animó a sus compañeros sacerdotes a no tener miedo de perdonar y recibir el perdón, y también agradeció a Dios por su ministerio.

«Sacerdotes, Jesús los quiere mucho, solo quiere que se dejen lavar los pies», indicó.

Esta será una Pascua particular la que vivirán millones de cristianos en el mundo en este año 2020.

Debido al aislamiento para evitar el contagio de Covid-19, en varios países no será posible que los fieles participen en las grandes liturgias del Triduo Pacsual, que conmemora y actualiza la institución de la Eucaristía, la Pasión y muerte de Jesús, su Resurrección.

No han faltado discusiones e incluso polémicas en Italia hacia los obispos que compartían las decisiones del gobierno.

Una mirada rápida a la historia de los siglos pasados, ayuda a comprender cómo la dramática situación que estamos viviendo, a causa de las miles de víctimas muertas a causa del virus, alcanza también a la vida ordinaria de las comunidades cristianas, puesto que no es la primera vez que sucede. 

Por ejemplo, durante la “peste” de 1656, el Papa Alejandro VII actuó con gran determinación para contener el contagio que habría llevado a un millón de muertes en toda la península italiana.

En un relato histórico recogido en el volumen «Descrizione del contagio che da Napoli si comunicò a Roma nell’anno 1656» (Roma, 1837), se lee que en aquel entones no se abandonaron solo las comunidades civiles […], sino también las sagradas, es decir, las capillas pontificias, las procesiones habituales, las congregaciones piadosas, la solemnidad de los «uffizii» en las iglesias, cerrándolas en aquellos días marcadamente festivos para ellos, pero que eran, sin embargo, atractivos para mucha gente.

El Papa promulgó un jubileo universal, no imponiendo según la costumbre procesiones, ni visitas a algunas basílicas específicas, de modo de no acumular allí gente: tampoco ayunos para no disponer a los cuerpos a una comida menos sana…


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