Por qué odian tanto la paz y la reconciliación

Por qué odian tanto la paz y la reconciliación

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Por: Toño Sánchez Jr.

Es difícil entender que a un país que ha vivido los últimos 50 años con las manos sucias de sangre -por omisión o por acción- no le guste la paz, el perdón ni la reconciliación.

El próximo 9 de abril se cumplen 73 años del hecho que han puesto los historiadores, y no historiadores, como el inicio de la violencia en Colombia, aunque todo mundo sabe que se inició desde mucho antes. Ese asesinato a mediodía en la Carrera Séptima con Avenida Jiménez en Bogotá fue el que acabó con la hipócrita violencia que se vivía y llevó a todo mundo al enfrentamiento descarnado.

Fue en Bogotá donde se gestó ese vil asesinato, pero fueron las regiones y provincias más alejadas de esa capital las que pusieron por años los muertos y la sangre.

Después vino una amnistía propuesta por el ‘dictador’ Gustavo Rojas Pinilla, a quien le atribuyen un ‘Golpe de Estado’. Es el único golpe en el mundo donde no se forzó una puerta, donde no hubo un disparo ni se alzó la voz.

Se amnistiaron como seis mil quinientos combatientes, entre los que se encontraban sus líderes, que después de amnistiados fueron asesinados por ‘fuerzas oscuras’, como siempre sucede en este país.

Pero llama la atención lo que en aquella época se negoció y se le pidió al gobierno. Permítanme enumerarles algunos puntos:

– Reforma agraria democrática.

– Paz y cese de operaciones militares contra la población campesina.

– Apoyo a la productividad del campo y a la comercialización de sus cosechas.

– Que se destinara una suma de dinero suficiente para remediar la penosa situación económica que afrontaba la totalidad de los habitantes de las regiones afectadas por la violencia.

– Que el gobierno decretara una ley de amnistía para los delitos políticos cometidos a partir del 9 de abril de 1948.

– Que el gobierno garantizara al pueblo de Colombia el pleno goce de los derechos ciudadanos colectivos consagrados en nuestra Constitución.

– Política internacional independiente y de paz.

– Defensa de la soberanía nacional.

– Instrucción y cultura para el pueblo.

– Justicia eficaz y libertades democráticas.

Al ver estas demandas puede uno inferir que no eran comunistas; además, que eran ‘propias tropas’, ya que eran las guerrillas formadas en el enfrentamiento bipartidista de liberales y conservadores.

Y considero que todos esos puntos hoy todavía están vigentes y exigirlos no me hace ni comunista ni socialista ni capitalista ni izquierdista ni derechista, me hace DEMÓCRATA.

Todo lo allí plasmado demuestra de que tenemos un problema irresuelto desde hace 68 años (1953), cuando Gustavo Rojas Pinilla concedió esta amnistía.

Después vino la repartija del país entre liberales y conservadores con su Frente Nacional. Ese sí que fue el último clavo que le faltaba al féretro de los colombianos. Con esa despachada que se dieron los políticos liberales y conservadores se fertilizó la exclusión, la pobreza y el abandono de muchas regiones de Colombia. Allí fue que empezaron todos nuestros males y muertos. Pero hoy nadie desde ese abandonador Estado responde.

Mientras que a todos esos políticos godos y de la chusma les hicieron mausoleos en los cementerios, cientos de miles de colombianos, que se fueron a la guerra por ellos, terminaron comiéndoselos los gallinazos en cualquier potrero de esta ensangrentada Colombia.

Pasan los años y estos políticos se siguen reciclando, pero con otros fenómenos de violencia como lo son el narcotráfico, el paramilitarismo y la corrupción. Sí, la corrupción, que es hoy por hoy, el fenómeno más generador de violencia y odio en Colombia. Por lo selectivo. Lo que es corrupción para los colombianos de bien, no lo es para los políticos y seguidores de esos corruptos políticos. Esto genera odio y violencia.

Hoy estamos con un proceso de paz a medias, que muchos lo desprecian porque lo lideró Juan Manuel Santos, y que todos los de una secta buscan acabarlo, porque quieren más sangre, pero ajena.

Es aquí donde viene la pregunta con la que titulo esta columna: <<Por qué odian tanto la paz y la reconciliación>>.

Cómo vamos a construir una nueva Nación si lo que destilan esos ‘líderes’ de hoy en día es odio, miedo, resentimiento y deseos de venganza.

Las oportunidades no solo se les aparecen a las personas, sino también a los países. Colombia tiene en sus manos la oportunidad de reconciliarse y caminar en busca de la paz y el perdón, por lo que tenemos que buscar echar andar ese tren y dejar en el camino a todos aquellos que quieran más guerras, fusiles, desaparecidos, masacres, secuestros, viudas y huérfanos. Son pocos y no van a hacer falta cuando caminemos por esos senderos de la reconciliación.

Hay algunas personas indignadas porque a muchos militares y demás agentes del Estado los están judicializando por el conflicto armado en Colombia.

Y el argumento que esgrimen es que los guerrilleros fueron peores.

Con eso lo que están haciendo es criminalizar al Estado. Igualar a las Instituciones, Constitucionalmente y Legalmente, instituidas para defender la vida, bienes y honra de todos los asociados.

Los agentes del Estado no pueden usar las mismas armas de los criminales a los cuales persiguen. Por eso el peso de la ley debe caer sobre ellos de manera contundente. Porque en eso está soportada la legalidad de un Estado, en no ser más delincuente que los bandidos que persigue.

Si los que se molestan no pueden ver esta vital diferencia, están entonces bien alienados por sus líderes o monjes.

Con todo esto no quiero dejar la más mínima sospecha de que la solución a nuestros problemas sea la llegada de otro de los extremos al poder. Ni más faltaba. Considero, es mi opinión, que son tan oscuros y siniestros como los del otro extremo. Allí sí que es verdad que entre el diablo y escoja.

Creo que estamos en un momento histórico definitivo, de una oportunidad única, para cerrarles el paso, DEMOCRÁTICAMENTE, a todos los vendedores de odio, miedo, resentimiento y venganza de la política colombiana. Y darle la oportunidad a un aspirante, mujer u hombre, que se comprometa a reconciliar a los colombianos, a implementar los acuerdos de paz y a construir esperanza. ¿Es mucho pedir?

Ya está bueno de vampiros, de monjes, sectas, incendiarios y vendedores de humo.

No más uribes ni extensiones de ellos…

No más petros ni extensiones de ellos…

¡Por una Colombia en paz!