Violencia en cuarentena

Violencia en cuarentena

Por: María del Rosario Guerra

@CharoGuerra

Si bien la violencia intrafamiliar no es nueva, si se ha recrudecido con la llegada del coronavirus a nuestro país. Sí, la tensión familiar ha aumentado notablemente debido a la convivencia diaria y al estar sometidos a una medida de aislamiento preventivo obligatorio, necesario para frenar el contagio.  

Es cierto. El confinamiento genera estrés y violencia y así lo demuestran las cifras del Observatorio Colombiano para la Mujer. Desde el 25 de marzo, día en que fue decretada la cuarentena en Colombia, al 11 de abril, la línea 155 atendió 1.674 reportes de violencia intrafamiliar; lo que significa cerca de 982 casos más que los 692 registrados en el mismo periodo del año anterior.

¿Violencia en el hogar?… sí, solo que se oculta detrás del confinamiento al que estamos sometidos para frenar el contagio y aplanar la curva de comportamiento del coronavirus en nuestro país. Amenazas, violencia intrafamiliar, violencia psicológica, delitos sexuales, inasistencia alimentaria y lesiones personales, hacen parte de la lista de conductas denunciadas, en las 2.209 llamadas recibidas a través de la línea 155.

Es una realidad que preocupa, más si te tiene en cuenta que durante esta situación atípica de confinamiento, las mujeres deben permanecer aisladas con sus agresores y muchas veces sin posibilidad de denunciar. En Colombia, el grueso de las llamadas de auxilio estuvo situado en Bogotá (42%), seguido de Antioquia (11%), Valle del Cauca (9%), Cundinamarca (6%) y Santander (4%).

El panorama no es alentador para la mujer. Revisemos el caso de Francia, donde las denuncias por violencia doméstica han aumentado 30% durante el aislamiento; mientras que, en Argentina, solo en el primer día de cuarentena (22 de marzo), 41 mujeres denunciaron ser víctimas de violencia. Y, un dato más cruento: de los 96 feminicidios ocurridos en lo que va del año, 21 han ocurrido durante el confinamiento obligatorio.

La realidad actual es que el propio hogar no es un lugar seguro para muchas mujeres. Un informe de la Fiscalía General de la Nación revela que durante la medida de aislamiento preventivo obligatorio han ocurrido 19 casos de feminicidio en Colombia, al tiempo que han recibido 3.069 denuncias por violencia intrafamiliar, de las cuales, 1.407 están relacionadas con agresiones sexuales. Aterrador que, para salvar vidas, mujeres y niños en estado de vulnerabilidad se vean obligados a vivir bajo el mismo techo con su agresor, un enemigo silencioso ante la sociedad. En esos casos debe haber investigación express por parte de la Fiscalía y actuación inmediata del ICBF en el caso de maltrato a menores. De comprobarse que existieron conductas violentas, el Estado, en coordinación con la Policía Nacional, debería facilitar sacar al agresor de la vivienda y que, si no tiene recursos, sea direccionado a uno de los centros de acogida que tengan las autoridades locales para personas sin techo durante la cuarentena. Si tiene recursos que asuma el pago de una habitación de hotel.

Pero no esperar a que continúe la agresión. Las mujeres que sean víctimas de agresión pueden denunciar a su victimario en la línea 155, habilitada por el Gobierno Nacional para atender esta problemática durante la emergencia. También, estoy segura, que muchos sicólogos voluntarios, vía telefónica o virtual, estarán dispuestos a brindar su ayuda para buscar solucionar problemas de convivencia de las familias colombianas.

Este panorama solo demuestra que a la tensión que soportan las familias por el Covid-19, el encierro y las dificultades económicas que puedan estar pasando, se suma una grave realidad: la violencia intrafamiliar, que recrudece en medio de la emergencia sanitaria.

No hay duda, si queremos una Colombia libre de violencia debemos empezar a trabajar desde el seno de nuestros hogares en afianzar el diálogo y el respeto mutuo para superar las adversidades. Lamentablemente el mundo está siendo sacudido por un enemigo invisible que está poniendo a prueba todo en nosotros. Esto nos lleva a que como sociedad cultivemos la no violencia en nuestro entorno.

Bien lo dijo su Santidad: el papa Francisco “Hay que bajar el tono, hablar menos y escuchar más. Antes de discutir, dialogar… El diálogo acerca, no solo a las personas, sino los corazones”.

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