¿Y ahora qué viene?

¿Y ahora qué viene?

Por: Javier Araújo Morelos

El nivel de perplejidad e incertidumbre que vivimos no tiene precedentes. Hay más interrogantes que respuestas, y creer que las tenemos todas sería muy irresponsable. Lo que sí sabemos es que el futuro es la ilusión más grande y anhelada para todos en estos momentos.

‘Si me preguntas qué voy a hacer después de esto, o en medio de esto, te diría que no sé, que ni siquiera tengo una respuesta para lo que podría pasar en mi vida en los próximos diez minutos’, dije mientras sostenía una conversación con mi esposa, tratando de buscarle oxígeno a esta crisis; y ahora que analizo mi respuesta, fue un poco tétrica pero sincera.

Entretanto, esperamos con tanto anhelo una salida científica al Covid-19. Estar encerrados no deja de ser más que un paradigma para ganar tiempo y tratar de proteger la vida. Este tiempo, que sin duda engendra todo tipo de reflexiones, como un aliciente para medirle el aceite a los humanos y así buscar cambios radicales que los lleve a apartarse de los absolutismos, los prejuicios, la simplificación de las cosas y la intolerancia que la rigen.

En muy poco tiempo, no más de tres meses, una enfermedad revolcó por completo al mundo entero. Sin temor a equivocarme, creo que esto obliga a cambiar la relación entre las personas y derrocar eso ego que nos divide. Tenga en cuenta que quienes han vivido aferrados al ego, a la vanidad, a la prepotencia y a los lujos, pusieron en riesgo sus vidas y las de miles de personas, porque el Covid-19 desconocía de estratos y clases. Este visitante rebelde que hoy conocemos como Covid-19, revaluó por completo el significado de poder, porque está en riesgo desde el que más tiene, hasta el que menos tiene, ¿o no?

Hasta hoy no se sabe cuánto y en qué hemos pensado. Ay, ay, ay, una crisis que pone en la palestra hasta al más insensible. Miremos lo que en realidad es necesario y alejemos lo superfluo.

Valoremos, que en medio de esta situación hemos descubierto de nuevo el valor de quienes con su proceder se conectan con la vida de los otros. Ahora comprendimos qué es lo necesario para construir una buena sociedad.

Esta crisis debe llevar a todos, y especialmente al Gobierno, a fortalecer el desarrollo de profesiones que van enfocadas al desarrollo científico e innovación tecnológica. Tendremos que debatir mucho sobre cómo defender un mundo conectado, interdependiente, donde la migración ha sido una constante.

¿Será que debemos aprisionarnos y desde ahí controlamos? ¿Le damos paso a acciones de autoritarismo subrepticio en pro salvaguardarnos? ¿Dónde queda aquello por lo que tanto se ha batallado desde la democracia? El virus ha mostrado también una dicotomía entre vida y economía, y ha dejado en vilo el concepto de ‘buena calidad de vida’ que muchos tenían.

Tocó frenar el aparato económico en pro de la vida y surgieron muchos pesares, algunas empresas, por mucho, podrán resistir 3 meses, por ende, las personas temen por sus empleos, la gente que vive del día a día está en la más dura encrucijada, y el hambre le sopla en la nuca a millones.

Todo esto ha mostrado la realidad de quienes sobreviven de manera titánica en la miseria, y la de aquellos que con esfuerzo han conseguido mínimos, como un techo, y hoy lo ven en riesgo. Pregunta abierta: ¿Cómo corregir estas situaciones?

En este amargo lapso en que podemos tomar conciencia, no puede ser temporal. Tenemos la obligación de tener paciencia y buscar el equilibrio: ir y venir, recoger y soltar… A ver si desenredamos el nudo.

Quisiera aferrarme, entonces, a lo que decía Ernesto Sábato en sus ‘Memorias antes del fin’: “Vivimos un momento en el que el porvenir parece dilapidado. Pero si el peligro se ha vuelto el destino común, debemos responder ante quienes reclaman nuestro cuidado”.

Pregunta abierta: ¿Y ahora qué viene?

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