Ajusticiamientos de inocentes… ejecuciones extrajudiciales… El Hombre de Atrás…

Por: Toño Sánchez Jr.

Quiero iniciar escribiendo que tengo claro que a esa gente de izquierda no le interesa el dolor de esas madres que sufren por el asesinato de sus hijos, que fueron mostrados como guerrilleros en lo que mal se ha llamado ‘falsos positivos’. Usan esta desgracia para llenar más de odio y resentimiento a este país. Son como esas aves carroñeras, que vuelan bajito, para ver donde hay algo que sirva para despedazar.

Además, que usan toda esta terrible desdicha para deslegitimar al Estado, para mostrarse como los redentores y futuros ‘salvadores’, pero el caso es que ellos tienen bien sucias las manos de sangre inocente.

Estamos ante dos perversos extremos que usan todas las desgracias de este país como herramienta política y de beneficio electoral. Y en medio de ellos, millones de colombianos de bien, que solo quieren verdadera justicia y bienestar social.

Por eso este tema de los ajusticiamientos de inocentes… ejecuciones extrajudiciales… como yo quiero llamarlos tiene que ser tratado con respeto a las víctimas, al resto de colombianos y hasta con respeto al Debido Proceso de los sindicados y responsables. Para que estos últimos, al final no se salgan con la suya por violación a este universal derecho.

Así como hay un decir en el sentido que “uno muchas veces termina encontrando su destino en el camino que uno evitó tomar para encontrarlo”; también uno puede terminar convirtiendo a personas en lo que uno no quería que se convirtieran, en este caso asesinos de inocentes.

Para entrar en un sano debate quiero plantear mi respetuosa opinión. Hubo un presidente, Álvaro Uribe Vélez, que en una directriz pidió resultados operacionales contra la guerrilla y ofreció prebendas a los militares por acciones que dieran golpes contundentes o letales al enemigo. Cuáles eran esas prebendas: permisos, licencias, bonificaciones y felicitaciones a la Hoja de Vida del militar que diera el golpe.

Una felicitación a la Hoja de Vida de un militar es algo grandioso. Trabajan día a día por eso, porque desde allí van construyendo su ascenso.

Aquí entra un gran corchete y lo voy a escribir. Decir que Álvaro Uribe dijo en esa directriz: “Vayan y asesinen inocentes. Vayan y hagan ajusticiamientos. Vayan y extrajudicialmente asesinan personas”. ¡No! ¡Absolutamente no!

Pero yo quiero agregar algo a renglón seguido. Cuando tú, como padre de familia, le dices a tu hijo: <<“Aquí a mi casa no me entras si no traes para el almuerzo o para comer>>, algo terrible puede terminar pasando. Al principio el pelao a lo mejor prestará plata, se rebuscará, trabajará informalmente, pero de pronto empieza a ver que no consigue nada. Entonces alguien se le acerca y le propone algo ilegal. Él acepta y comienza a llevar dinero a su casa. Empiezan a comer bien, hasta que aparece muerto, o es reportado como desaparecido, o termina preso. El papá o la mamá podrían decir <<es que yo nunca le dije a mi hijo que fuera a delinquir para la comida, sino a trabajar>>. Pero el cuento es que ellos sí comían de todo lo que llevaba su hijo, la cuestión es que nunca le preguntaron cómo hizo para conseguir el billete. ¡Hoy! no nos podemos lavar las manos ensangrentadas con ese argumento. Hasta aquí ese corchete.

Entonces los militares, abusando de esa directriz empezaron a reclutar gente para que cogieran a muchachos de la calle, que de alguna manera estaban ‘mal parados’. A otros los atraían con irrechazables propuestas laborales en otras ciudades o municipios. Todos eran pelaos estrato uno.

Por eso es que no me canso de decir que esta es una infame guerra mata pobres.

Y estos ajusticiamientos se han convertido en el caldo de cultivo de los dos enfermos mentales, llamados ‘líderes’, de las dos extremas orillas de Colombia.  

Aquí una precisión. Hay personas que se preguntan que por qué si eran ‘falsos positivos’ los metían en una fosa común cuando lo ‘lógico’ era ‘mostrarlos’. La respuesta es simple y terrible. Porque después de llevarlos a la morgue nadie los reclamaba y había que enterrados como N.N.  Y como, supuestamente, cayeron en zonas de operaciones inaccesibles para miembros del CTI, encargados del levantamiento del cadáver, le tocaba hacerlo a la misma unidad militar que les dio ‘de baja en combate’.

Entonces los mismos militares de la unidad elaboraban el acta de levantamiento de los cadáveres, tomaban las fotos, ponían los fusiles en manos de los ‘guerrilleros’ caídos en combate y demás.

Luego venía un informe de la acción militar que iba a Comando Ejército en Bogotá y se expedía la respectiva felicitación, bonificación y permisos.

Y no es lo mismo una felicitación del comandante de escuadra de un pelotón, que la felicitación del comandante del batallón, ni que la del comandante de brigada. Pero la felicitación de Comando Ejército, esa, tumba todo. Y si de pronto se unía una felicitación de Presidencia, esa sí que era la del ‘orinarse a poquito’.

Yo soy un convencido de que el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en sus dos casi inacabables períodos, nunca quiso, con su decisión de dar bonificaciones a los militares por resultados operacionales, que estos terminaran asesinando a inocentes y los pasaran por guerrilleros para ganarse su ofrecimiento.

Y lo anterior lo escribo con todas las diferencias que tengo con este siniestro monje de la secta del CD.

Pero ahora pensemos por unos segundos en esas madres.

Esas madres no querían que sus hijos murieran así. Podrían ser pelaos que se la pasaran en la calle sin hacer nada, pero eso no los convierte en delincuentes. Ni eran lo que esos perversos y asesinos militares mostraron en sus informes operacionales.

Hoy estos asesinatos de inocentes son el lomo fino de una izquierda sedienta de más sangre. Y de una derecha que busca impunidad total.

Por eso es que yo considero que esas dos extremas, medianas y cercanas orillas son enfermas, las de derecha y las de izquierda. Y están lideradas por personas que parecen ser enfermas mentales. No crea usted que el enfermo mental es el que está en una clínica de reposo y el que está metido en una camisa de fuerza.

Hoy hay más locos en la calle que en un manicomio. Lo mismo pasa en las cárceles. Hay más bandidos en la calle que en la cárcel.

Hoy estos dos enfermos mentales de odio y rencor viven buscando carroña que alimente sus fieros discursos para irse uno contra el otro. Pero en medio de ellos hay unas madres, hay unos padres, que están sufriendo por lo que hicieron con sus hijos, que todos son del Estrato Uno. Así como está estratificado este país, está estratificado el dolor, está estratificada la muerte, están estratificadas las desgracias.

Y quiero decirle a los cordobeses que aquí hubo 48 asesinatos de inocentes. Todos ellos atribuidos al mayor del Ejército Julio César Parga. Que llegó a ser extraditado a los EE.UU. Y estuvo implicado en el asesinato del dueño de la famosísima finca ‘Capri’, en la margen izquierda del río Sinú.

¿Y a quién le dolió esto en Córdoba? A nadie.

Por eso es que confirmo que en la mitad de esas dos orillas tenebrosas y enfermas está la gente buena de este país.

A esa gente buena le asesinaron a sus hijos y en Colombia no existe la pena de muerte por ser del Estrato Uno, por estar en la calle, por no tener trabajo, por ser gamín, por estar mal vestido, por ser mondao.

Yo me pregunto, ¿vamos a pasar de agaché con esa fosa de 50 inocentes asesinados?

Aquí llego a algo que quiero plantear: La Teoría del Hombre de Atrás.

En los países donde ha habido conflictos se necesita de un tipo de justicia diferente y esta ha sido la Justicia Transicional.

Y para evitar que la responsabilidad se diluya, ya que todos empiezan a decir que estaban cumpliendo órdenes se estableció la responsabilidad del ‘Hombre de Atrás’ o Autoría Mediata.

Se dice que el Autor Directo es quien realiza la conducta directamente. Y del Mediato se predica que es quien utiliza a otro como instrumento.

La pregunta es: ¿Cuándo yo doy esa directriz me convierto en el Hombre de Atrás?

Aquí quiero recordar que el otro enfermo de la orilla zurda quiere pescar aquí cuando él no es ningún santo. El movimiento guerrillero donde él era orgánico acabó con toda la Corte Suprema de Justicia de Colombia. Algunos lo excusan diciendo que estaba preso, pero era miembro activo de ese grupo subversivo.

Miren ustedes como el sufrimiento y desgracia de unas madres y padres es a la vez la herramienta miserable de dos extremos para exterminarse utilizando todas las formas de lucha. Los dos por igual.

Lo reitero por nuestro bien. Tú presionas tanto a tu hijo, que tu hijo termina convirtiéndose en lo que tú no querías que él fuera. Tal vez digas que lo presionabas por su bien, pero lo empujaste tanto a ese bien que se cruzó. Por el otro lado, yo solo quería resultados en contra de la guerrilla, pero los empujaste tanto que los llevaste a asesinar inocentes. ¿Vamos a diluir en una pelea política esta responsabilidad?

Los de la izquierda no quieren justicia, quieren es acabar al monje de la derecha para sentirse solos en la plaza. La cuestión es que son peores que los que están ahora y han estado allí.

La verdadera desgracia de este país es que ni siquiera se pueda ser persona de calle, mendigo o sin trabajo.

Y faltan las ‘chuzadas’.

Como dirían en el béisbol cordobés cuando no aparece el out: “Y el rancho ardiendo”.

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18 enero, 2020

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