Confío en que aparezca ya ese o esa ‘Outsider’

Confío en que aparezca ya ese o esa ‘Outsider’

Por: Toño Sánchez Jr.

Por nada del mundo podemos permitir que los dos extremos que han polarizado este país, y que la clase política de siempre siga gobernando, asaltándose el erario y enterrando en la más humillante pobreza indigna a los colombianos.

Cuando me refiero a pobreza no lo hago en términos económicos. Para mí pobreza es negar a los ciudadanos el derecho a ser libres, a educarse sin traba alguna, a tener acceso al conocimiento técnico, tecnológico o profesional, a tener un entorno con saneamiento básico, a ser defendidos de todos los actores de violencia, a ser protegidos de todo tipo de delincuencia, a tener oportunidades laborales, a poder acceder a créditos de fomento y emprendimiento, a que nuestros campesinos puedan tener una tierra productiva para la economía del país y para el bolsillo de ellos, a que las mujeres tengan las mismas oportunidades y sueldos que los varones, a que los jóvenes sientan que son importantes y que necesitan ser respetados, a tener vías transitables en verano e invierno, a que los ladrones de cuello blanco, negro o gris no ganen siempre… en fin… a que al menos haya esperanza.

Y todo lo anterior se lo han negado y quitado a los colombianos desde hace más de 60 años. Pero tocó esperar todo ese tiempo para que hoy una generación se haya atrevido a reclamarlo.

Que han abusado y desnaturalizado su justa protesta con los bloqueos, vandalización y destrucción, es muy cierto, pero en el fondo de todo hay rabia y razón. Y tienen derecho a tener rabia y a exigir que su razón sea tenida en cuenta.

Que profesionales de la manipulación, engaño y sabotaje hay metido su tenebrosa mano en estas protestas, no me cabe duda.

Qué supuestos ‘líderes’ la ‘disfrutaron’ y se valieron de lenguaje ambiguo no me cabe duda tampoco. Pero que hoy aparecen ‘tomando distancia’ porque se les estaban embolatando algunos, es aún más cierto.

Que la Policía Nacional demostró no saber manejar su poder como Fuerza Pública, es otra cosa que quedó bien al descubierto.

Pero lo más terrible de todo es y fue ver al presidente Iván Duque, como cualquier Nerón, disfrutar de ver arder a Colombia.

Créanme que me ha costado en el pasado párrafo anteponerle la palabra ‘presidente’. No se la mereció ¡¡¡nunca!!! Qué vergüenza de personaje público. A veces siento lástima de corroborar lo inepto que es, pero se me quita de inmediato tal sentimiento, al ver lo cínico que es.

Yo me pregunto cómo ese elemento no acabó con BID cuando trabajó allí. Qué clase de cursillo hizo en Harvard.

Lo más humillante será que cuando se abra un libro de Historia de Colombia va a aparecer su nombre y apellido como expresidente.

Pongamos un marco histórico de 50 años. Por ejemplo, desde Misael Pastrana Borrero hasta hoy.

Jamás había habido gobernante tan desastroso, incapaz y desfachatado.

Con Pastrana Borrero vimos el fin del Frente Nacional y el renacimiento de una democracia más incluyente. Que no funcionó, eso es otro tema a tratar en otra columna. Pero fue un verdadero Presidente de un país. Se supo rodear de buenos Ministros. No hablemos de obras, pero las hubo.

Siguió el liberal Alfonso López Michelsen. Un ferviente tomador de un ‘acpm’ que llaman Sello Rojo, fue aficionado a los vallenatos y a quien le atribuyeron dotes de ser un súper intelectual, dizque, porque ponía “a pensar al país”. Imagínense como tendrían a los colombianos de aquel entonces, que no podían pensar, sino solo cuando este politiquero del interior hablaba. Capoteó en su gobierno un terrible paro nacional. Disfrutó de dos bonanzas, la de la marihuana y la del café. Tuvo sus escándalos. Se rodeo de buenos Ministros, y sí, dio la sensación de que era y había un Presidente.

Luego vino otro liberal, Julio César Turbay Ayala. Otro degustador de Whisky. A los agasajos donde era asiduamente invitado, al cuarto ‘lamparazo’, le gustaba llevar su mano ‘rumbo sur por la espalda’ de bellas mujeres ajenas. “Ay, señor Presidente, déjese de eso”, le decían con una sonrisa las que fueron ‘tarreadas’. A punta de Estado de Sitio y de un llamado ‘Estatuto de Seguridad’ gobernó. Dejó presa, en el cementerio o desaparecida a toda la cúpula del movimiento guerrillero M-19. Manejó de manera prudente y responsable la toma de la embajada de República Dominicana por parte del M-19. En fin, con su manía ‘rumbo sur por la espalda’ y demás, se puede decir que fue un Presidente. Condenable, eso sí, el vil atentado a que fue objeto en Repelón, Atlántico. En una concurrida manifestación le tiraron un Diccionario. Sobrevivió al acto terrorista del Repelonero.

Llegó el conservador de las ‘palomas blancas’, Belisario Betancur Cuartas. Este era conversador y tomador de vez en cuando de Aguardiente Antioqueño. Con él se dio el gran contrato del Metro de Medellín, que estuvo salpicado de un gran escándalo, que fue ‘bien sorteado’… o llevado. Los militares y los ‘enemigos agazapados de la paz’ volvieron trizas su sueño de paz. Sucumbió ante los militares a la toma del Palacio de Justicia. Y la tragedia de Armero, lo salvó de un merecido juicio político. Y sí, se sintió que fue un Presidente. Y ha sido el mejor expresidente del país.

Apareció otro liberal, Virgilio Barco Vargas. Un cachaco, cachaco, que montó todo un Sanedrín alrededor de él. Su familia se benefició de las concesiones del petróleo. Se le paró a la guerrilla, pero aún más al narcotráfico. Con él, llegó el narcoterrorismo a su máxima ejecución. En su período asesinan a casi toda la UP y a varios candidatos presidenciales. Años después supimos de que tenía Alzheimer y que su hija era quien presuntamente firmaba por él. Pero a pesar de toda esa época de violencia desbocada se sintió que fue un verdadero Presidente.

Se aparece en un cementerio de Bogotá, el regalo político más grande que se conozca. El beneficiado: César Gaviria Trujillo. Montó un extraño y delicado ‘Kínder’ con quien se le arrodilla al narcoterrorista Pablo Escobar Gaviria. Se le da una nueva Constitución, que termina siendo letra muerta. Y arruina a miles de agricultores de la Costa Caribe, y también de otras regiones con su ‘Apertura Económica’. Con este personaje se ‘perrateó’ la institución de presidencia como tal. Pero con sumas y restas, considero que sí se mereció ser llamado Presidente. Lo que si ha sido es un pésimo expresidente que cada rato sufre de unos raros ataques de pataleta.

Entonces llega el Cartel de Cali a la Casa de Nariño con Ernesto Samper Pizano. Quien se asocia a Horacio Serpa y le hacen ‘Mamola’ a Colombia entera y se atornillan en el poder luego de haber recibido 6 millones de dólares del narcotráfico para la campaña presidencial (Ningún medio de comunicación del ‘Bogocentrismo’ devolvió peso alguno de la publicidad que le pagaron con dineros del Cartel de Cali, pero hablar más de moral no pueden). Pero muy a pesar de eso, Samper tenía un programa de gobierno, El Salto Social, que era todo un desafío para enrumbar a Colombia al desarrollo. Lástima que esa jugada que hicieron ‘a sus espaldas’ truncara todo. Córdoba y Montería se beneficiaron a más no poder de ese gobierno. Dónde están representadas esas obras, muchas las están buscando todavía. Pero por su manera de defenderse, le demostró a los colombianos quien era el Presidente.

Regresan los ‘Godos’ a la Casa de Nariño. Aparece Andrés Pastrana Arango. Empezó como presentador de televisión, con nadado de perro fue Alcalde de Bogotá y se le metió que iba a ser Presidente y lo fue. Era un bacán. Le gustaba el buen Escocés y era muy apreciado por exreinas. Se le metió hacer la paz con las Farc y no le salió. Pero ese fue su gran logro. Pastrana derrotó políticamente a las Farc ante el mundo. Esto último habrá que reconocérselo en algún momento. Y fue el responsable de la reingeniería del Ejército de Colombia (De esto se benefició el que sigue). Tuvo mensajes con Carlos Castaño Gil, que extrañamente se le ‘olvidaron’ para su libro de memorias. Pero fue un verdadero Presidente.

Ahora llega el Monje de la Secta. El león de Salgar, Antioquia, Álvaro Uribe Vélez. Era todo un Mesías. El hombre que se necesitaba para ESE MOMENTO histórico. Todo iba bien hasta que se le metió en la piel (No digo corazón porque no creo que lo tenga, así un slogan de campaña haya sido el tal ‘Corazón Grande’… pero selectivo entonces) el ‘Síndrome de Napoleón’: Bajito, soberbio, vanidoso, prepotente y con ínfulas de indestructible. Violentó la Constitución para perpetuarse, porque él, y su círculo, se creyeron que el ‘Salgareño’ era el mismísimo Jesucristo. Ya ustedes conocen todos los escándalos y sus aciertos. Pero en sumas y restas fue un Presidente.

Se viene un intento no conocido en la historia republicana de Colombia: Un ‘Presidente en Cuerpo Ajeno’. Llega Juan Manuel Santos Calderón. Pero la intentona falla. Y se institucionaliza la palabra ‘traidor’. Pero lo llamaban traidor, porque no le obedecía al ‘Monje’. Y Santos hace lo que TODO Presidente siempre quiso en Colombia, hacer la paz con las Farc. No existe la paz perfecta y no hay paz sin concesiones. A Santos se le acaban los 4 años y en contra de todo pronóstico derrota al candidato de Uribe en su reelección. Tildan a Santos de lo más insólito, de comunista. Ni siquiera ‘Enriquito’, su hermano lo es. Ya ustedes saben el resto. Pero no hay duda de que Juan Manuel Santos fue un verdadero Presidente.

Y ahora sí llegamos a lo nunca visto. Un Presidente en Cuerpo Ajeno, Iván Duque.

No creo que tenga que hacer un párrafo más a esta columna.

Más bien, Apaga y Vámonos, Toño.

Y ese ‘Outsider’, como dice ese gran consultor  y estratega político, Carlos Suaréz Rojas, socio fundador de la exitosa y premiada firma, Estrategia & Poder, “se le está acabando el tiempo para aparecer”. Tic… tac… tic… tac…