Por Toño Sánchez Jr.

Con total acierto se le escuchaba decir a Javier Cáceres Leal, antes de cualquiera elección: “todo el que respira tiene derecho a aspirar [políticamente hablando]”. Y así es en una democracia. Quien se considere con las condiciones para ser edil, concejal, diputado, alcalde, gobernador, representante, senador o presidente puede aspirar. Que esa persona tenga los MÉRITOS para ser elegido, eso es otra cosa muy determinante.

Claro está que hay países en donde un clandestino sanedrín, por lo general integrado por poderosos empresarios, líderes políticos y dueños de medios de comunicación, te ‘arman el muñeco’ que quieren de presidente.

En Colombia se acostumbró a que el Partido Liberal y Conservador tenían su ‘fila de sucesión’, en la que nadie podía atravesarse. Recuerden el caso de Luis Carlos Galán Sarmiento. Se le atribuye a la mafia todo, pero hay una hipótesis que jamás han querido tocar, la de una ‘guerra’ en Antioquia con un movimiento político muy cercano a Pablo Escobar, que azuzó para quitar del camino a Galán.

También era costumbre que el ‘ungido’ tenía que tener un doble beneplácito. El de un Cardenal, que era como una especie de reyezuelo de Roma en Bogotá; y de los Estados Unidos. Por lo que era costumbre que el ‘escogido’, un año antes era nombrado, coincidencialmente, como embajador en Washington.

Y los aspirantes de izquierda que se llegaron a convertir en un inflado riesgo para los candidatos de los partidos tradicionales eran asesinados por las ‘fuerzas oscuras’ del Estado.

Hoy estamos ante una novedosísima forma de imponer a un candidato en Colombia: se trata de la ‘sucesión consanguínea para que no me metan preso’.

Creo que la única dictadura de derecha, léase bien, dictadura de derecha, en Latinoamérica que impuso esta consanguinidad fueron los Somoza en Nicaragua, con el pleno respaldo de los Estados Unidos. Y desde el lado siniestro, los Castro Ruz, pero sin el respaldo de los gringos, por supuesto.

Tanto que critican a Venezuela y ni Hugo Chávez se atrevió a tanto.

Todo parece indicar que como Iván Duque no les sirvió, necesitan a uno que sea ‘casa Uribe’, a un ‘propia sangre’, a uno que se le pueda considerar sin temor a equívocos ‘propias tropas’. Que no le tiemble la mano para hacer lo que haya que hacer, cueste lo que cueste.

Cuando veo eso de ‘Casa Uribe’, se me viene a la mente ese gran proceso judicial que se lleva en Justicia y Paz que habla de otra famosa casa, la ‘Casa Castaño’.

Pero sigamos.

Estamos a punto de descubrir la novedosísima forma de nepotismo contemporáneo. La de imponer a un hijo para defender ‘presidencialmente’ a un padre e intereses ‘amiguísticos’.

No hay duda de que hay supuestos líderes políticos que manejan este país como el potrero de sus fincas.

Esto no se trata si se tiene o no derecho de aspirar. Se trata también de merecimientos. De tener MÉRITOS.

Para abordar esta palabra quiero ir al origen etimológico de la palabra MÉRITO:

“Se lo identifica en el latín como merĭtum, interpretado como valorización o reconocimiento, procediendo de meritus, como pasado participio del verbo merēre, por merecer, relacionándose con la expresión griega meiresthai, en alusión a tener lo que a uno le corresponde, sobre la raíz indoeuropea *s-mer-, por recibir o tomar. El mérito es un valor que se construye desde temprana edad en el ser humano como un reconocimiento por la dedicación demostrada dentro de una actividad, inculcado por los padres y el entorno educativo, para que uno lo incorpore a su personalidad y actuar. En los tiempos de la antigua Roma, se utilizaba para señalar los honores correspondientes a los combatientes retirados. A nivel religioso, el mérito se percibe como el reconocimiento de Dios, vinculándose principalmente a las acciones de la persona”.

“En la actualidad, si bien las condiciones socioeconómicas individuales no deberían influir en el desarrollo de este valor, la realidad es que las posibilidades de recompensa por el esfuerzo están asociados directamente al estatus social, más allá de casos excepcionales como lo ilustran numerosas estrellas deportivas. Un joven que crece en una casa cuyos padres le proporcionan una computadora de último modelo y acceso veloz a Internet tiene amplias ventajas con respecto a un joven que tiene que recurrir al sistema informático de una biblioteca o de un comercio, en este segundo caso forzado a tener que pagar por el tiempo de uso, de modo que uno tiene más facilidades, y por ende oportunidades, que otro. Ambos pueden tener mérito en sus respectivos contextos, pero no se puede negar la brecha entre ciertos beneficios y adversidades asociados a la situación particular. Del mismo modo, el pensamiento tiene que extenderse al acceso a una universidad, no sólo en términos económicos, sino también geográficos, y a una interminable lista de escenarios y factores partícipes”.

“Por otro lado, cuando el mérito se transforma en el hecho de ser amigo de un alto funcionario público o un ejecutivo privado, se pierde la lógica y el respeto por el verdadero significado de la palabra en pos de una valoración hipócrita en detrimento de aquél que realmente merece la distinción”. (Tomado de la Página Web: https://etimologia.com/merito/)

Es obligatorio destacar que la palabra MÉRITO “tiene numerosos significados, tales como: valor, interés, valía, provecho, utilidad, merecimiento, virtud, estimación, premio, derecho, altura, categoría, prestigio, crédito” (http://etimologias.dechile.net/).

Pregunto: ¿Qué MÉRITOS tiene el hijo de un emproblemado presidente para ser impuesto como candidato presidencial? Una persona que nunca ha tenido un jefe en lo privado ni en lo público. Ni siquiera ha sido Edil de su barrio. Dicen que es empresario, pero hay una gran diferencia entre empresario y comerciante. (¡¡¡) Y quién no es un excelente comerciante teniendo como papá a un presidente por ocho años (!!!).

Podrán hablar aquí de Andrés Pastrana, pero hay una gran diferencia entre cómo llegó Pastrana a candidato y cómo llega el hijo del expresidente salgareño. Lo mismo se puede decir de Juan Manuel Santos Calderón, esté último se preparó para ser presidente. Si fue malo o bueno eso es otra cosa y lo definirá la historia.

Con esta imposición creo que el CD le está poniendo el último clavo a su ataúd. Y colocando un largo y amplio tapete rojo al aspirante del otro oscuro, tenebroso e insondable extremo para que gane la presidencia.

A no ser que esto último sea la estrategia, para que luego pase la “hecatombe” e incendiar el país e irnos a una verdadera guerra civil en donde ganarán los de siempre, los que siempre han vivido del caos y de la sangre ajena.

La palabra imposible para lo torcido y retorcido no existe en Bogotá y Medellín, y mucho menos en Córdoba y la región del Caribe, en todas estas se han urdido las más perversas estrategias políticas. Creo que ya tenemos que reconocer que todo lo malo que nos pasa no viene solo del ‘interior’, sino de nuestra misma Región.

Esto apenas está empezando.    

Como decía el gran Buck Canel: “No se vayan, que esto se pone bueno”.