Cuando un excelente Reportero convierte un juicio en una excelente Crónica

Cuando un excelente Reportero convierte un juicio en una excelente Crónica

Por: Toño Sánchez Jr.

Convertir en una Crónica de 364 páginas las 44 audiencias (38 públicas y 6 a puerta cerrada del Jurado) del juicio de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, ‘El Chapo’, no es algo fácil de hacer ni a lo que todo reportero se le mida. Para este tipo de trabajos se necesita de periodistas portentosos y que se atrevan, entre esos está uno que se destaca en Washington desde hace muchos años como corresponsal ante la Casa Blanca de la Revista Proceso de México, me refiero a J. Jesús Esquivel.

Recientemente Esquivel presentó en la FIL de Guadalajara 2019 su libro: ‘El Juicio. Crónica de la caída del Chapo’ (Editorial Grijabo – Penguin Random House). Allí J.J. Esquivel nos hace entrar a la sala del octavo piso de la Corte Federal del Distrito Este, en Brooklyn, Nueva York, que presidio el temido Juez Brian Cogan. Con su manera de narrar nos hizo sentir que estábamos allí en esa sala viendo este publicitado juicio que algunos medios se atrevieron llamar “el del siglo”.

Mi tierra Montería, para los días que leí este libro, era verano puro, 38 grados a la sombra, y cuando Esquivel contaba los estragos que le causaba las bajas temperaturas de esa famosa capital del mundo, hasta la sensación térmica de mi tierra era más moderada con la lectura de su libro.

“Nadie como ‘El Chapo’ acapara la atención y fascinación de gran parte de la población mexicana que –debido a esa anomalía llamada “narcocultura”, que no debería tener cabida en la cultura de México [Ni de Colombia]- considera que el criminal es víctima y no victimario”, dijo Esquivel en la introducción de su libro.

Con este juicio se pudieron ver claramente las miserias del proceso penal norteamericano en lo que tiene que ver con juicios a poderosos narcotraficantes. En el sentido de que se tienen que valer de otros despreciables narcotraficantes, tal vez más criminales que al que están procesando, a los cuales premian con reducciones de penas y otros beneficios, a fin de que ayuden a condenar al juzgado de turno.

Pero el libro de Esquivel muestra de manera clara, al leer los testimonios de poderosos narcotraficantes en ese juicio, que la llamada “guerra contra las drogas”, iniciada con Richard Nixon, es un total fracaso y que pareciera que cada década se la enfilan a unos carteles y a unos narcos para dar muestras de que se le castiga ejemplarmente.

Por lo que me identifico totalmente con lo que escribió J.J. Esquivel en otro aparte de su introducción:

“(…) el fracaso de la guerra contra las drogas que inició Richard Nixon, y la hipocresía de la DEA –a cuya colusión con criminales de la peor calaña llama “acuerdos de cooperación”, y que nunca de los nuncas, pase lo que pase, actuará contra las instituciones financieras y bancarias estadounidenses, que lavan miles de millones de dólares provenientes de la venta de los enervantes; de hacerlo levantaría la tapa de una cloaca de la brotaría una podredumbre que salpicaría a muchos “honorables ciudadanos””.

De verdad, que pocos periodistas se atreven a escribir esto.

Aquí quiero transcribir textualmente lo que dijo el abogado de la defensa del ‘Chapo’, Jeffrey Lichtman, cuando le tocó el turno de presentarse ante el Jurado: “Es la historia de cómo las agencias federales corruptas de Estados Unidos, como la DEA, por décadas han permitido operar a capos de la droga. No lo digo yo, viene directamente de la boca de los testigos del gobierno, que mienten y cometen crímenes todos los días”.

Pero lo cierto es que en ese juicio sí que salieron salpicados muchos políticos y dos países en especial: México y Colombia.

Quedó claro en ese juicio que aproximadamente el 90 por ciento de la cocaína que los carteles mexicanos meten al mercado consumidor de Estados Unidos proviene de Colombia. Así lo dijeron, bajo la gravedad de juramento, poderosos narcos colombianos que están detenidos en Norteamérica como Juan Carlos Ramírez Abadía, alias ‘Chupeta’, Alexander Cifuentes Villa, alias ‘El Penúltimo’ o ‘Panchito’, Jorge Milton Cifuentes Villa, alias ‘Simón’ (este es un testigo protegido de la Fiscalía gringa).

Aquí debo precisar que estos Cifuentes Villa son miembros de una prestante familia antioqueña en la que todos fueron o son narcotraficantes. Incluida Dolly Cifuentes Villa y Lucía Cifuentes Villa. Esta Dolly fue mujer de un hermano del expresidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, que se llamó Jaime Alberto Uribe Vélez, alias ‘El Pecoso’,  ya fallecido. Tuvieron una hija, Ana María Uribe Cifuentes, quien junto a su madre fueron extraditadas a los Estados Unidos y allá pagaron una corta condena por narcotráfico.

En ese juicio uno de los Cifuentes Villa narró como su hermana Dolly tenía comunicación directa con ‘El Chapo’ Guzmán.

Pero antes de continuar se me viene una pregunta.

De ese 90 por ciento de cocaína que sale de Colombia ¿cuántas toneladas salen por los 127 kilómetros de costas de Córdoba frente al Mar Caribe? ¿Cuántas toneladas de coca se han despachado y se despachan de las numerosas pistas clandestinas que hay en Córdoba y Urabá?

Sigamos.

Entre los testimonio que más duro golpearon al ‘Chapo’ Guzmán estuvo el de su compadre Jesús Zambada García, alias ‘El Rey’, y hermano del más grande, poderoso y verdadero jefe del narco en México: Ismael ‘El Mayo’ Zambada. A este último nadie lo persigue. Y hasta la DEA habla por celular con él, como quedó en evidencia en ese juicio.

‘El Rey’ aseguró que la “la cocaína es importada principalmente de Colombia”.

“‘Chupeta’ [Juan Carlos Ramírez Abadía] enviaba a México entre tres y cuatro cargamentos de cocaína por semana, de aproximadamente tres toneladas cada uno. Los capos mexicanos le compraban el kilo de cocaína en 3 mil dólares. Ya en Estados Unidos, el precio de ese kilo subía a 20 mil dólares como mínimo en California o hasta 36 mil dólares en Nueva York”, reveló ‘El Rey’ Zambada.

En otro día del juicio ‘El Rey’ se refirió al más grande cargamento de cocaína que recibieron de Colombia: “Uno de 30 toneladas que compraron mi hermano ‘Mayo’ y ‘El Chapo’. Se mandó de Colombia a Panamá y de allí llegó a México en barco mercante”.

Otro testimonio duro contra el enjuiciado Guzmán Loera fue el del mismo ‘Chupeta’ y el de Christian Rodríguez.

‘Chupeta’ dijo que se comprometió con el gobierno de Estados Unidos a entregarle mil 200 millones de dólares y que tiene firmado un Acuerdo de Cooperación con la justicia norteamericana.

Sin inmutarse sentenció: “Sin la corrupción gubernamental y policial es imposible ser líder de un cartel, van mano a mano”. ‘Chupeta’ hizo de su intervención en este juicio una especie de ‘clase magistral’ de cómo se traquetea y cómo es el mundo del narcotráfico.

Christian Rodríguez, testigo protegido de la Fiscalía, fue el encargado de montarle toda una estructura de encriptación de las comunicaciones al ‘Chapo’. Es oriundo de Medellín y los Cifuentes Villa se lo presentan al narco mexicano jefe del cartel de Sinaloa.

Rodríguez se pasa al FBI y comienza a ‘trabajar’ con ellos. Y es aquí cuando el jurado escucha por primera vez la voz del ‘Chapo’ hablando de su negocio.

Este libro de J. Jesús Esquivel nos permite conocer como el narcotráfico es usado hasta como arma política. Y que estamos muy lejos de acabar con este fenómeno.

Es un libro de obligatoria lectura para los amantes de la Crónica y los que deseen saber ‘parte’ de la verdad de la tal ‘guerra contra las drogas’ de los Estados Unidos que es impuesta desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia.

Quiero terminar con una acertada reflexión de J.J. Esquivel:

“El gobierno de Estados Unidos perdona a narcotraficantes tan peligrosos o más que el propio ‘Chapo’ –el propio ‘Chupeta’ es un ejemplo- sin que le importe la muerte de decenas de miles de estadounidenses por sobredosis de droga, y de cientos de miles de mexicanos [Aquí agrego yo y colombianos] (víctimas “colaterales” como les llamó Felipe Calderón) por la llamada guerra contra el narco. Así el doble juego de perdonar a algunos narcotraficantes para castigar a otros, el gobierno de Estados Unidos esconde debajo de la alfombra su responsabilidad en el trasiego de drogas y armas, en la muerte de adictos, traficantes e inocentes”.

Con todo respeto recomiendo este libro J. Jesús Esquivel y los otros que ha escrito. Aunque no lo creamos, Córdoba, nuestro departamento está reflejado en ellos.

¡Te felicito Jesús! Por cipote de trabajo periodístico. Eres eso… un gran y excelente Reportero.

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