Educación Superior: ¿Universidad sin muros o simple reconversión institucional post-pandemia?.

Educación Superior: ¿Universidad sin muros o simple reconversión institucional post-pandemia?.

Por; Giovanni Carlos Argel Fuentes. Ph.D (c)

A propósito del mes de los maestros, a quienes felicito por esta noble, esperanzadora pero a su vez compleja y responsable labor; es pertinente estudiar desde la perspectiva de la educación superior en Colombia, su dinámica actual y futura. La educación superior al igual que la básica y media, son ejes transversales de desarrollo y transformación de sociedad, reafirman a su vez, disrupción y cambios en la conciencia de los educandos y de hecho impactan estructuralmente la sociedad. La educación superior prepara para el desarrollo humano, la civilidad y para el desempeño laboral en el futuro. Esa es su esencia.  En ese sentido y preocupado por ese futuro no solo de los educandos y los maestros sino de la misma educación superior y en su interior, la universidad, pretendemos realizar un análisis sobre la prospectiva y las megatendencias que inician su consolidación para los próximos años.

La educación superior será uno de los subsectores de la economía que entrará en dinámica operacional activa al final de la emergencia sanitaria declarada en Colombia en 2020. Todo ello, si el escenario deseado y probable se cumple en el marco del comportamiento de la megatendencia a la que está sujeta la educación en general.

Es importante destacar en este momento crítico e histórico que vive la humanidad y en especial la educación superior, algunas de las tendencias que estudios prospectivos han diseñado y planteado para los próximos 15 años de este subsector. Ante la incertidumbre que presenta esta dimensión de la educación y revisando los estudios citados: VISIÓN 20/UN Construcción de la visión y el plan prospectivo de la de la Universidad Nacional de Colombia a 20 años.  “Visión 2034” realizado para la Universidad Nacional de Colombiae igualmente el Estudio Prospectivo de la Universidad de Córdoba. “Visión  2032”, realizado a la Universidad de Córdoba; cabe resaltar las notables coincidencias en el alcance de la megatendencia de la educación superior para esta década.  Si bien no se estimó el surgimiento del Covid-19 como variable exógena y de impacto estratégico, las orientaciones globales definidas en ambos estudios se acercan a lo sucedido en este año y hacia donde se debe dirigir la educación superior en los límites temporales planteados en la prospectiva de ambas universidades.

Para analizar un poco lo proyectado allí, veamos unos conceptos fundamentales para entender mejor lo expuesto. La prospectiva y el trabajo por escenarios, se puede estructurar en tres tipos de futuros, siempre pensando en lo transformativo y cambiante de los entornos:

El futuro signado o el que nos indica el fatalismo, se entiende desde la idea del destino fijo, en el que sólo hay un escenario posible, regido por dos concepciones: el desenlace fatal y el desciframiento sin norte (Medina & Ortegón, 2006). Desde esta perspectiva el futuro simplemente acontece independientemente de la voluntad del ser humano; aun existiendo la remota posibilidad de que personas instruidas y capacitadas puedan descifrar o predecir lo que viene, no se puede intervenir para cambiar el curso de los hechos. Se adoptaría la posición denominada por Godet (2007) como de avestruz pasivo que sufre inevitablemente el cambio.  

El futuro como voluntad, son las anticipaciones con criterios. Alcances e ideales que depende la voluntad humana para concretar su futuro. Desde esta perspectiva, la voluntad humana tiene importantes alcances que permiten hacer del futuro un escenario de porvenir en el que suelen cobrar importancia los ideales y las utopías (Medina & Ortegón, 2006).

El futuro como azar, no hay rutas ciertas, la incertidumbre se apodera del presente y genera el miedo esclavizador. Esta dimensión se basa en la concepción de que el futuro es totalmente impredecible; no hay posibilidad de conocer y comprender los hechos venideros. Las alternativas se restringen a estar atentos ante los cambios que surgen en el curso del tiempo y responder a corto plazo ante sus efectos. Esta incertidumbre dirige las acciones al día a día y afecta la planeación en su esencia y da pie a la planeación por imprevistos o por casos fortuitos.

De hecho entonces, la prospectiva estudia que futuros se vienen a las organizaciones o sectores. Se define así, como un proceso de anticipación y exploración del futuro, que a partir de análisis morfológicos, estructurales y de la opinión experta proveniente de redes de personas e instituciones, empresas y diferentes actores que aporten a esa visión y generación de rupturas sobre lo que se viene.

Frente a esta estructura de los futuros posibles, probables y realizables; estudios sobre países de la OCDE definieron seis (6) escenarios de futuro asociados a la a la gran disrupción de los cambios demográficos, sociales y tecnológicos que experimenta países Europeos y de América Latina y el Caribe. Véase gráfica que ilustra lo anterior:

Fuente: Seis escenarios para el futuro de las universidades. Tomado análisis La Universidad Nacional de Colombia: visión prospectiva al año 2034. López Segrera.

Cabe destacar el Escenario 6. Desaparición de las universidades: indican los estudios que en 50 años las universidades de muros y paredes desaparecerán. La juventud escolar y la población que desea estudiar o aprender algo, lo harán in situ: en el trabajo, en la casa, en el parque o en una biblioteca. Todo conforme a sus deseos, voluntades y profesionalidad e incluso según le manifieste el mercado.

Anotan los prospectivistas que se hará uso de los sistemas de aprendizaje ad hoc. Predominará la educación abierta. El rol de la educación virtual y remota será un imperativo porqué será poca la visita presencial a instituciones universitarias cubiertas de ladrillos.

Grandes inversiones en tecnología se tendrán que realizar y los docentes deberán prepararse o cualificarse en este tipo de metodologías,  todo será Online, es decir a través de redes y manejo de herramientas digitales que permitirán formar de cerca al discente del otro lado de la cámara o pantalla del computador.

Se evidencia que la pandemia más influyente en este siglo por su grado de infección progresiva,  aceleró la llegada de este escenario referenciado. Los profesores y estudiantes, nos estamos acostumbrando a trabajar online, con redes sociales y plataformas, desde nuestra casa. Obligados por ahora, pero con la voluntad de innovar frente a este nuevo reto que se adelantó sustancialmente.

Si bien este escenario pasó a ser una realidad de presente y no de futuro, las universidades e instituciones de educación superior, actualmente en Colombia, no han paralizado sustancialmente. Han continuado en teletrabajo utilizando instrumentos digitales, aplicaciones y plataformas virtuales; pero ha surgido otro fenómeno y es la reducción sustancial de los niveles de productividad y en esa vía la eficiencia, eficacia, efectividad y equidad administrativa; que compromete la gobernabilidad y las buenas prácticas administrativas universitarias (BPAU).

La productividad universitaria, tanto administrativa como académicamente, se ha reducido considerablemente. Se estima un poco más del  65% distributivamente, producto del impacto del virus en el cierre y aislamiento que han impactado la vida laboral y el desarrollo de las operaciones institucionales.

Este fenómeno en el año de la peste, como lo hemos denominado,  se ha asociado a confinamientos sociales preventivos y obligatorios, medidas socioeconómicas de ajuste emitidas por el gobierno nacional, un sometimiento a un poco más de  40 decretos legislativos, cambios empresariales, rupturas culturales, protestas y rompimientos orden público, entre otros aspectos. Estos efectos directos, impactaron la presencialidad en la educación superior y sus agentes. Frenó las clases directas y la asistencia del profesorado como de los funcionarios administrativos universitarios en todo el país.

Pero no olvidemos que a pesar de estos fenómenos aislados en algunos caos y continuos en otros, la educación superior en Colombia dio un salto cuantitativo prominente,  muy importante en la última década, pasó de una cobertura de 31,6% en el 2007 a 57.3% en Diciembre de 2019, según cifras del Ministerio de Educación y del Censo ajustado a 2019. Aumentó 19%, es decir se pasó de 1’362.509 a 2’931.434 alumnos[1]. Hoy esta población estudiantil está en casa recibiendo clases virtuales y a distancia, en el marco de una recesión estructural y desafiante en los distintos sectores económicos, generada por las medidas sociales, económicas y ecológicas desprendidas de la declaratoria de la emergencia. Exactamente lo que se había indicado en el escenario para 2032 y 2034 en los estudios analizados de las universidades citadas.

En el marco de esta recesión que enfrenta el escenario tendencial de la educación superior, las universidades están en un crucero que navega por una contracción económica fuerte, agresiva e imperativa. Este panorama de incertidumbre recesivo y parecido a lo presentado en la gran depresión del 29, es con el que inicia el escenario y de hecho tiene sumida a la universidad en un instrumento manipulado y gobernado por una enfermedad infecciosa sin antecedentes agobiantes en el país. Por ejemplo, veamos unas cifras que reafirman el primer ciclo de la tendencia:


Solo población matriculada en carreras profesionales, no técnicas y tecnológicas.

La situación de la educación superior en especial la de sus estudiantes, en esta recesión convive, con una inflación-mes de 0.57%, (Marzo 30 de 2020) e Inflación anual del 3.86%, (año acumulado Marzo/19 a Marzo/20). Es decir este fenómeno económico sin tener todo el impacto del virus en el sistema productivo del mercado, afectará durante todo el año los niveles de la matrícula y de hecho los ingresos de las universidades, se incrementará la deserción universitaria y aumentará de manera sistemática y progresiva los precios de materiales educativos, servicios tecnológicos, reactivos, equipos y herramientas, los costos de la movilidad docente y estudiantil de orden nacional e internacional, entre otros aspectos.

En esa vía la educación superior la impacta otro fenómeno en esta recesión anunciada y progresiva, el desempleo. Se evidencia una tasa de Desempleo para Colombia, a Marzo 31 de 2020, del 12.2%, sin Covid-19. (Esperamos informe trimestral a Junio 2020-con Covid-19)

Pero lo preocupante y que afectará a la educación superior en este inicio del ciclo tendencial, es el Subempleo Subjetivo (informalidad simple sin reporte laboral y sin gestión de búsqueda de empleo), 19.5%. (35.000 personas) en la ciudad. Este sumado al Subempleo Objetivo, 10% (18.000 personas, este es la informalidad reportada y con gestión para cambio de ingresos); ocasionan una ruptura por definir en el escenario a futuro.

A Marzo 2020, la educación en general, se combate con 53 mil personas en informalidad, en su interior se focalizan jóvenes que deben estar en la vida universitaria. Hay que indicar que este índice de informalidad que para del país es superior al 51% de la población en edad de trabajar y que está en rebusque durante el período de estudio se convertirá en una bomba de tiempo social alarmante y que será de mayor impacto durante los próximos 7 meses.

En ese sentido la educación superior y en especial, la pública, estará asociada por el impacto de la informalidad y la marginalidad. Todo ello teniendo en cuenta que muchos jóvenes universitarios provienen de familias de bajos recursos y muchos de los alivios como créditos y becas ofrecidas por las universidades, escuelas y el mismo estado; serán insuficientes durante los dos próximos años.

Y es allí donde se consolida otra variable de impacto para la educación superior, más en estos tiempos de Covid-19, la Pobreza. El índice de Pobreza Multidimensional (IPM) en 2018 fue 19,6% para el total nacional. Igualmente la pobreza monetaria fue 27,0% y la pobreza extrema se ubicó en 7,2%. No hay datos Dane, consolidados de IPM para 2019.

Lo anterior evidencia la notable desigualdad que posee el país, que se evidencia antes y posterior al impacto del virus. La universidad y la educación superior en general serán afectadas por estas variables estratégicas en el inicio del ciclo enunciado para el escenario que plantearon los estudios prospectivos, que no fueron evidenciados en la época del cálculo. Por ello esta institución al igual que en el medioevo, debe reinventarse, aplicar reingeniería en todos sus procesos. El cambio es inminente, sustancial y urgente.

La peste natural o artificial, va a llevar a las Instituciones de Educación Superior a variar su oferta académica y de hecho su metodología de estudios. Por ello me atrevo a proponer, desde el impacto de esta pandemia y la crisis que implica la recesión económica, una revaluación o ajuste del escenario con dimensiones de aproximación y redireccionamiento, teniendo en cuenta que este virus nadie lo esperaba.

Frente a lo anterior se hace necesario en este análisis de prospectiva y revisión documental la mirada a posibles escenarios de desarrollo en el marco de los futuros anteriormente citados y que desde nuestra perspectiva pueden ocurrir probabilísticamente.

Ahora, antes de iniciar, veamos que son los escenarios: se definen como narraciones que describen rutas alternativas hacia el futuro, proyectando una serie de resultados basados en hipótesis que permiten imaginar lo que puede suceder (Estudio Destino Colombia, 1997).  

Se debe reconocer, que los escenarios, desde una perspectiva transformadora, deben provocar impactos en los modelos mentales, dado que representan una alerta sobre lo que puede ocurrir en un sistema social dado, para con ello ampliar el campo visual de los líderes y tomadores de decisiones. En especial para la educación superior. 

Recordemos que los escenarios, según Miklos y Arroyo (2015)[1] pueden categorizarse de la siguiente manera: 

Tendencial. Extrapolación basada en las estructuras del presente; responde a la pregunta: ¿qué pasaría sin ningún cambio o esfuerzo adicional?

Utópico. Escenario extremo de lo deseable con estructuras potencialmente diferentes a las actuales. Responde a la pregunta: ¿Qué pasaría si todo sale bien?

• Catastrófico o pesimista. Escenario de lo indeseable; se ubica en el extremo de lo temible. Responde a la pregunta: ¿Qué pasaría si todo sale mal? • Futurible o deseable. Escenario propuesto; lo más cercano a lo deseable y superior a lo posible, pero aún factible. El futurible es un instrumento de planeación prospectiva. Es un producto de la elaboración y selección de futuros a partir del análisis retrospectivo y coyuntural, es el futuro elegido entre otros.


Informe Final. VISIÓN 20/UN Construcción de la visión y el plan prospectivo de la de la Universidad Nacional de Colombia a 20 años.  “Visión 2034” realizado para la Universidad Nacional de Colombia. 2016.

El futurible es el futuro deseable y posible aprovechando un pasado y un presente conocidos con relativa suficiencia (p. 84).

Desde nuestra perspectiva, la educación superior se proyecta a través de tres escenarios posibles futuribles:

A) Escenario Tendencial, no hacer nada y esperar que la naturaleza misma resuelva el virus y desaparezca para volver a una normalidad universitaria segura e igual al pasado antes del Covid-19. Esto llevará un tiempo prudencial.

B) Escenario Apuesta, esperar que el gobierno de orden de entrar a la presencialidad o virtualidad gradual o absoluta,  esto llevará un semestre y depende de variables exógenas, entre ellas el comportamiento de la tasa RO de contagio y mitigación. Se referencia como escenario catastrófico o pesimista.

C) Escenario Deseado, estabilización y reinvención de una Universidad sin muros, sin normatividad espúrea, abierta, con reducción significativa a la burocracia. Es decir la constitución  de una universidad sin presencialidad. Todo cambiará progresivamente, reingeniería institucional, con una nueva misión, más solidaria y humana.

Cualquiera sea el escenario que se identifique en el marco de la megatendencia referenciada se requiere una nueva Universidad, que proponga los siguientes programas estratégicos que enfrenten las variables macroeconómicas expuestas como las exigencias de la educación superior en el país:

  1. Universidad generadora de conocimientos no reproductora. Se requiere una Universidad post-pandemia, de quinta generación, creciente e innovadora. No un sumidero de inversiones en centros de investigación improductivos y poco rentables científica y monetariamente.
  2. Se requiere una universidad al servicio de una economía ambiental (bioeconomía)  tanto lo reclama este impacto del virus frente a la alta contaminación del planeta.
  3. Una universidad solidaria, crítica y generadora de riqueza, combatiente de la marginalidad, la informalidad y el atraso regional.
  4. Una universidad que fomente el estudio de la prospectiva, que forme para la futuro no para la situación coyuntural.
  5. Una universidad fuerte tecnológicamente con paradigmas sociales y humanísticos claros, asociados a las exigencias del mercado pero centrada en el desarrollo humano. Si algo esta pandemia nos ha enseñado, es volver a lo humanístico a la solidaridad y la unión frente a los problemas.

(*) Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.

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