El hombre de la eterna sonrisa

Por: Toño Sánchez Jr.

Es una costumbre la de hablar siempre bien del muerto, aunque no haya sido una buena persona. Pero hay personas que se nos van y que no necesitan de tal consideración ni de tal cortesía, la de hablar bien de ellos, porque en vida se ganaron con creces tal reconocimiento… la de ser buenas personas, buenos amigos, buenos profesionales, buenos seres humanos. Y todo esto último lo fue Manuel Vicente Arias Moreno, a quien me voy a referir a él como le gustaba que le dijeran: ‘El Negro’ Arias.

Se fue un amigo a quien conocí desde niño por medio de mi padre y lo que admiré de él fue que siempre estaba sonriente con la vida y con los que lo rodeaban. No le negaba una sonrisa a nadie. Hoy, que he leído tanto sobre lo que significa sonreír y reír a carcajadas, concluyo sin temor a errar, que ‘El Negro’ Arias fue una persona feliz con la vida.

Cuando empecé a llamar a sus más cercanos amigos y amigas para este artículo, me sorprendió la calidez con la que lo recordaban, no con tristeza. Hacían un corto silencio y llegaba a sus rostros una pícara sonrisa y comenzaban a extenderse en elogios para con él. Así es que vale la pena irse y que lo recuerden a uno con una sonrisa. Pero no todos tienen ese privilegio. ‘El Negro’ Arias sí lo tuvo.

Hombres y mujeres coincidían cuando lo recordaban: “Era un negro bien ‘plantao’. Y muy admirado por las mujeres monterianas y cordobesas”. Situación que tuvo que ponerlo en serios aprietos, me imagino yo.

‘El Negro’ Arias estudió medicina viejo, como decían sus amigos, en la Universidad de Cartagena. Después se especializó en una universidad bien difícil para los costeños, la de Antioquia. Está entre los primeros cordobeses especializados en esta última.

Al ejercer la medicina nunca antepuso el dinero ni lo personal al servicio de la comunidad. Cuando el paciente no tenía no le cobraba y hasta le regalaba las medicinas que le prescribía. Era una especie de filántropo y una persona muy servicial, lo que lo hacía un entrañable amigo a quien todos querían tener al lado.

En su época estuvo entre los mejores pediatras de la región.

Su paso por Medellín dejó huella, no solo con sus excelentes notas, sino en el deporte. Junto a otros amigos crearon la Liga Femenina de Softbol de Antioquia.

En Córdoba siempre estuvo vinculado a la Liga de Béisbol. Y fue fanático de la novena de Cardenales. Todos los fines de semana asistía al Estadio 18 de junio acompañado de su esposa, “La Niña Tury”, como él la llamaba.

Estuvo en aquellos memorables Juegos Nacionales de Pereira en 1974 cuando Córdoba le gana a Bolívar, pero pierde después con Antioquia y se queda sin la Medalla de Oro.

A largas tertulias le tocó asistir al ‘Negro’ Arias en Montería para dar claras explicaciones de por qué no se ganaron la Medalla de Oro. Eso era casi que estar como en un cadalso. Ya que la afición estaba ávida de la verdad. Pero todos sabían que el ‘Negro’ Arias era ecuánime y ponderado. Su veredicto sobre por qué fue la derrota ha quedado hasta hoy como palabra sagrada.

Dijo que todo se debió a que el error empezó cuando se nombró a Duvois Vergara, manager; y a Félix Púello, coach. El primero monteriano puro y el otro hijo adoptivo de Lorica. Entonces, cada uno quería imponer un line up con más jugadores de su tierra y eso se convirtió en un problema. Lo otro que dijo fue que muchos peloteros de Córdoba se fueron a celebrar el triunfo ante Bolívar, por lo que llegaron disminuidos ante Antioquia.

Solo para recordarlo. Esa vez Córdoba derrotó a Bolívar 3 carreras por 1. Lazó por los ‘Mulos del Sinú’, José Wilfrido Petro, pichó las 9 entradas completas. Por Bolívar tiró su pitcher estelar Orlando ‘El Caballo’ García.

Tiempo después se metió a una gran gesta, estar entre los que se dejaron embrujar por el golf.

En 1977 lo invitan a ser socio del Club Campestre y el anzuelo fue el softbol.

Entonces, en 1978, Libardo José López Cabrales lo invita a lo que llaman en golf un ‘Picapiedra’. Que no es otra cosa que llevar a una persona que nunca haya cogido un palo de golf.

Y ante todo pronóstico el ‘Negro’ Arias se enamoró del golf. Y no se cansaba de repetir un bello decir sobre el golf: “Este es un deporte de caballeros y en donde se hacen verdaderos amigos”.

También se lamentaba por la falta de afición por el golf en esta ciudad. “Los monterianos no se han dado cuenta que Montería tiene el privilegio de tener una cancha golf, eso es lo que hace importante al Club Jaragüay porque nos permite ingresar a muchísimos clubes del país y hacer amigos”.

‘El Negro’ Arias se dio el lujo de organizar como 4 Abiertos de Golf en el Club Jaragüay de ‘padre y señor nuestro’.

Jugó golf hasta los 82 años. Entre tantas anécdotas que tiene está la de las recién paridas que lo llamaban preocupadas por algo de su bebé. Ponía el hierro al lado de su talega y les decía: “Tranquila, vieja. Abrázalo y dale teta”.

Y aún recuerdan lo que decía cuando salía del Hoyo 2 y se iba por todo en medio del lago: “Por donde se tiran los hombres”.

Todos sus hijos fueron golfistas. Uno de ellos, Juan Gabriel, fue el primer cordobés campeón de un Abierto Nacional en Jaragüay a los 17 años.

Era común ver al ‘Negro’ Arias montar un fin de semana en su renoleta 12  a sus hijos, a los ‘Cebolleros’ a los Reina y llevarlos a jugar golf a Barranquilla o Cartagena.

En fin, ‘El Negro’ Arias empezó todo viejo… medicina… especialización… y golf. Pero desde muy tempranito sí que empezó a sonreír y a ser feliz.

Siempre que me vio me dio un buen consejo. “No vayas a defraudar a tu padre”, me recordaba cada vez que me veía.

Creo que el mejor regalo que nos dio ‘El Negro’ Arias, nos lo dio todos los días: Su sonrisa y su alegría. Eso sí que es vivir. Sé que donde quiera que estés estarás sonriendo y alegre de que te recordemos con alegría. Paz por siempre para ti.

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