El problema es quien está detrás

Por: Toño Sánchez Jr.

Para saber que este país tiene un Estado que es injusto, inequitativo, excluyente, abandonador y a veces hasta perverso, no necesito que me lo diga un vendedor de odio, de resentimiento y de ingobernabilidad como Gustavo Petro o los exmiembros de las Farc… o los de derecha (Aunque a estos jamás se los he escuchado o leído en público). Aquí pareciera que lo único que buscan es desquitarse de un Presidente que lo puso su peor enemigo, Álvaro Uribe.

Está demostrado que no hay un sentimiento que mueva más que el odio, el resentimiento y la venganza.

Estamos ante dos titiriteros de odio, Petro y Uribe, que incendiaron este país desde hace unos años y que ahora colocaron a los colombianos unos contra otros, en donde la única concesión es la aniquilación del otro mediante todas las formas de lucha (Los de la derecha también aprendieron todas esas ‘formas’). Y Colombia es un país que ha dado muestras ante el mundo que saben matarse entre ellos, y utilizando las más degradantes, pero poniendo en esa labor a los hijos ajenos.

Hace un tiempo, cuando uno hacía un válido cuestionamiento al proceso de paz con las Farc, en seguida te etiquetaban de ‘Uribista’ o de ‘derecha’. Y si considerabas como buenos algunos acuerdos de La Habana enseguida te ubicaban en la ‘izquierda’ y de pensamiento comunista.

¡Igual sucede hoy!

Estás consciente de que se necesitan hacer grandes cambios sociales en Colombia entonces eres ‘comunista’, estás con Petro y la guerrilla.

Cuestionas a los vándalos de esas manifestaciones y defiendes a la Policía Nacional entonces eres de extrema derecha y ‘facho’, y que solo buscas que los poderosos sigan ‘oprimiendo al proletariado’.

Entonces, dos extremos, vendedores de odios los dos, han secuestrado para sí las palabras reivindicaciones sociales, cambio, dialogo, concertación, paz y guerra.

Hoy un colombiano, que no está de acuerdo con ninguno de estos dos extremos enfermos de odio y resentimiento corre el riesgo de ser señalado de espía, esquirol o sospechoso. Y cuando estamos ante una sociedad así todo se torna peligroso porque la masa, sea de izquierda o de derecha, porque en esto sí que son igualitos, quiere más sangre. Quiere un detonante, para que no se desperdicien esos momentos de “efervescencia y calor” que tantos recuerdos históricos traen a los colombianos.

Y a todo este lapidario panorama que tenemos se une la de un Presidente inepto, Iván Duque. Un personaje que no supo leer al país cuando ganó. Creyó que podía patear a esas millones de personas que votaron por el otro aspirante. No entendió que esos votantes a lo mejor ni querían que Petro fuera el presidente, sino que estaban fastidiados de su patrón, Uribe. Y de que siempre los mismos hicieran de este país un país corporativo, en donde políticos y empresarios tienen un coogobierno que necesita acabarse, para gobernar por una Colombia más incluyente y esperanzadora.

Aquí no va haber acuerdos y concertación nacional, porque cualquier tendida de mano se va a ver como claudicación o traición.

Siempre en este país se ha hablado de la búsqueda de un Gran Acuerdo Nacional en donde se defina la Colombia que queremos construir. Pero como este gran diálogo lo propusieron siempre desde los movimientos subversivos fue satanizado, al primero que se lo escuché fue a Jaime Bateman Cayón, que decía también  “un gran sancocho nacional”.

Yo sí quiero, desde Córdoba, que a este Departamento el Estado y los políticos lo dejen de tener como la bodega y despachadero de cocaína.

Que a Córdoba la dejen de seguir entregando a los grupos al margen de la ley, sean del extremo que sea.

Que a Córdoba los políticos de Bogotá la tengan para robarse los dineros públicos, amparados en débiles gobernantes provincianos que sucumben ante los elogios o amenazas de los grandes jefes políticos de la Capital.

Yo si quiero que el Estado no siga entregando a Córdoba a la corrupción, a la miseria, a la pobreza y al olvido.

Yo si quiero que el Estado empodere a la Universidad de Córdoba para que allí puedan estudiar como mínimo 30 mil estudiantes por semestre.

Yo si quiero que este Estado abandonador llegue a la zona rural de Córdoba con verdaderos programas sociales, viales, sanitarios y de emprendimiento campesino que desincentiven el abandono del campo.

Yo si quiero que la nueva generación de jóvenes de Córdoba crezca sin odiar a los políticos, a lo público y al Estado.

Y todos estos deseos no me hacen NI URIBISTA NI PETRISTA NI COMUNISTA NI DERECHISTA NI IZQUIERDISTA. Me hacen ser mejor ciudadano, que es lo único que quiero ser.

¡Pero qué desgracia! Que desear esto lo ponga a uno en una delicada y hasta sospechosa posición.

Está claro, llegamos hasta este punto por dos profesionales vendedores de odio y resentimiento. Que cada uno vive a sus anchas y en la opulencia, pero que desde sus elegantes salas y comedores mandan a sus huestes por más sangre.

Soy un convencido de que la paz y la tranquilidad no están fuera de ti, están dentro de ti. Y cuando no las tienes, tampoco tienes amor para contigo mismo. Y si no tienes paz, tranquilidad y amor para contigo mismo, cómo pretendes tenerlo para los demás. Y esto es más grave y terrible cuando las personas que llamas, o se hacen llamar, líderes políticos no lo tienen.

Esta gente no quiere ningún gran cambio social para Colombia, quieren es la destrucción total del otro, así sea creándole ingobernabilidad, para así de pronto lograr tal caos para un ‘quitate tú pa’ ponerme yo’. Y los otros, destruir toda oposición para seguir feriándose el país en una gran ACPP (Alianza Corruptil Público-Privada).

Y todo esto se agrava con un Presidente autista e inepto, que por no irritar a su patrón, no supo leer cómo Colombia estaba cambiando y dejó que el incendiario de odio, de la mano zurda, se apropiara de ese real malestar contra el Estado, políticos y gobernantes.

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