Entre gustos no hay disgustos

Entre gustos no hay disgustos

Por: Taty Brugés Obregón

El reto de una pareja cuando inicia una relación es, precisamente, acoplarse en muchos aspectos: el social, el afectivo, el económico, el cultural y, por supuesto, el sexual.

El periodo en el que la pareja trata de adaptarse sexualmente el uno al otro, se le conoce como acoplamiento sexual. Esta fase inicial está llena de pasión es como una maratón de sexo, todos los días y a toda hora. Y aunque parece que es la etapa más fácil para definir la estabilidad emocional, no lo es.

Antoni Bolinches, terapeuta y sexólogo catalán, explica que el buen acoplamiento sexual depende de cinco parámetros: iniciativa, frecuencia, rituales, resolución y afectividad post orgásmicas.

⇒ La iniciativa: El terapeuta explica que, al comienzo de las relaciones, el deseo es alto, pero con el tiempo termina siendo la misma persona la que propone tener sexo. Es muy satisfactorio sentirse deseado por otro. Al comienzo funciona que la iniciativa sea unilateral, pero con el tiempo, “el iniciador” deseará que su pareja tome la iniciativa también. Si la iniciativa es bilateral, ambos se sentirán deseados.

 Si uno siempre es el que busca al otro para tener sexo; uno se siente no deseado y el otro puede sentirse acosado. La idea es que ambos tomen la iniciativa y que felizmente coincidan.

⇒La frecuencia: Lo ideal es que la frecuencia sea guiada por el deseo, pero este es caprichoso y varía por muchas razones: el nivel de enamoramiento, el tipo de pareja y por supuesto la energía sexual de cada uno.

Este aspecto, según explica Bolinches, es difícil cambiarlo, por ejemplo; si la pareja tiene libidos diferentes hay un problema serio de acoplamiento. Hay personas más “ardientes” que otras y tan injusto es reprimir el deseo si lo tiene, como forzarlo si no lo tiene.

Algunas parejas valoran su vida en común y llegan a acuerdos bien planeados que les permiten acoplar sus energías sexuales.

⇒Los rituales: De acuerdo con el experto es quizá el más complejo porque hablar de lo que nos gusta hacer y cómo nos gusta hacerlo y es ahí donde se expresa la personalidad sexual de cada uno.

“No todas las parejas son compatibles sexualmente y eso no quiere decir que alguno de los dos tenga alguna disfunción sexual, sino que simplemente su manera de hacer y reaccionar en el ámbito sexual no logra disfrutar haciendo disfrutar”, manifiesta el terapeuta.

Los rituales van desde las prácticas tradicionales como los besos, caricias y la posición del misionero hasta propuestas que incluyen tríos, intercambio de parejas, el uso de juguetes sexuales o fetiches, lo cual debe hacerse en el contexto del respeto mutuo y el consenso previo.

No se puede decir que hay rituales mejores que otros, pero entre más rígido y limitado sea el banquete sexual, es más fácil caer en la monotonía y el desinterés.

⇒La resolución orgásmica: Todas las anteriores se pueden negociar, mejorar y ajustar, pero el terapeuta Bolinches explica que cuando una relación no culmina en orgasmo produce frustración y resentimiento.

El experto no solo se refiere a el logro del orgasmo, sino también a las manifestaciones verbales y corporales que lo acompañan.  Porque si una pareja es más calmada e inexpresiva y en cambio la otra grita y se contorsiona, sería una experiencia insatisfecha.

⇒La afectividad post orgásmica: El acoplamiento sexual no depende solo de un antes y un durante, también hay un después. Las muestras de afecto posteriores incrementan o reducen la receptividad sexual.  Es decir, después del orgasmo la necesidad de mostrarse afectivo facilita o dificulta la satisfacción total y por supuesto la disposición para próximos encuentros.

Algunas parejas tienen relaciones sexuales a oscuras, otros con la luz encendida, otros lo hacen en silencio, otros hablan, o lo hacen todos los días o una vez a la semana. Son preferencias no son reglas de oro o cánones establecidos para asegurar que así es mejor.

Lo ideal es que estos gustos coincidan con los de tu pareja y si no logras convencerlo, siempre puedes negociar o seducirlo, porque, ¿Cómo vas a saber si algo no te gusta, si no lo pruebas?