Escuderos y torpedos


Por: Germán Danilo Hernández T.

Entre las expectativas que generó la elección del nuevo alcalde de Cartagena, William Dau, estaba la conformación del gabinete de gobierno, llamado a sortear su admitida inexperiencia en el manejo de la administración pública.

Tras cumplirse un proceso inédito en la ciudad, y en casi todo el país, se produjo la selección de los aspirantes a los diferentes cargos, quienes pasaron múltiples filtros, que en algunos casos desbordaron la valoración de competencias profesionales. No obstante, rompiendo con los esquemas convencionales de comunicación, el nuevo mandatario fue anunciando uno a uno a los integrantes de su primer círculo de colaboradores, sorprendiendo gratamente a varios sectores escépticos con ese proceso.

En las primeras designaciones aparecen figuras nuevas en la vida pública y otras con amplios recorridos, pero en términos generales prevalece el reconocimiento como idóneos en sus respectivos campos. Todo parece indicar que no se impuso a raja tabla el criterio discriminatorio, promovido por personas afectas al alcalde electo, de que la participación en administraciones anteriores, era causal suficiente para satanizar a algunos aspirantes.

Efectivamente entre el grupo de hombres y mujeres que asumirán las diferentes secretarías de despacho y cargos de dirección del Distrito, hay quienes, desarrollaron sus competencias y habilidades en gobiernos anteriores, e inclusive participaron en la toma de controvertidas decisiones, sin que se les pueda insinuar que hicieron parte de entramados de corrupción; por el contrario, son garantes de confianza ciudadana.

El alcalde electo William Dau arrancará entonces  el primero de enero su mandato, contando con una corte de escuderos que genera tranquilidad y que podría ser factor de conciliación con aquellos sectores que siguen radicalmente prevenidos frente al nuevo gobierno.

No obstante, para el nuevo mandatario y su equipo de escuderos, la tarea no será  fácil. Afrontarán desde el comienzo un agresivo “sitio jurídico y financiero”, como lo calificó el alcalde saliente Pedrito Pereira, consistente en una gran ola de demandas, desacatos, procesos de cobro coactivo y el embargo de más de $95 mil millones, desatada al parecer, con el propósito de amarrar las manos de la nueva administración y presionar al alcalde a “concertar” soluciones.

Estos torpedos dirigidos, disparados en diciembre, para que cayeran en enero, pero que causaron daños en la travesía, serán la primera prueba de fuego para el nuevo gobierno. Al parecer no será suficiente contar con escuderos de confianza; probablemente se tendrán que enarbolar banderas de conciliación para pasar definitivamente las páginas de las confrontaciones y que prevalezcan los intereses de la ciudad. Será necesario deponer prevenciones y beligerancias desde todos los frentes para que Cartagena tenga la oportunidad de enderezar el rumbo.

Coletilla: deseo a todos mis lectores, amigos y contradictores una Feliz Navidad y un Nuevo Año con muchas oportunidades.

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