Historias que no da miedo contar

Historias que no da miedo contar

Por: Toño Sánchez Jr.

Venía en un auto silencio porque quería alejarme de ese tema de odio, resentimiento y rencor que está carcomiendo a este país y que es orquestado por los, dizque, llamados líderes de opinión, de la derecha y la izquierda. Pero esta semana salió a relucir una información sobre la Cámara de Comercio de Montería y en donde se esperó la manera en que yo iba a tratar esa noticia, que me obliga a escribir algo con tinte hasta autobiográfico.

Antes de continuar, quiero hacer algo que acostumbro. Cuando voy a hablar de violencia, guerrilla y autodefensas, dejo en claro dos cosas: la primera, que firmé el mal llamado ‘pacto de Ralito’ en mi calidad de periodista y así quedó demostrado ante la Fiscalía; la segunda, que ante los nueve magistrados de la Corte Suprema de Justicia dejé en claro tuve una amistad con Carlos Castaño Gil que fue más allá de la relación fuente-periodista. Que si esto es para estar orgulloso? Claro que no, pero el delito de la amistad no existe. Que la responsabilidad de Carlos Castaño en la violencia de este país, eso jamás ha estado en duda. Bueno, hoy debo decir que desde el año 2008, creo, la Cámara de Comercio de Montería pauta en mis programas periodísticos. Y eso ni es delito ni me cohíbe ni me censura para criticar u opinar.

No puedo negar que en el Periodismo son muchas las veces en que hemos sido utilizados sin darnos cuenta. A veces se necesita de la experiencia y de las caídas para afinar ese llamado ‘olfato’ periodístico. Yo no soy la excepción.

Aquí en Montería todo mundo tiene derecho a tener amigos, menos los periodistas. Si uno llega a tener amistad con alguien, es porque ese alguien ‘te compró’, afirman. Pero esos mismos que afirman eso se regodean cuando un periodista tiene diferencias con un adversario de ellos. Alimentan esas diferencias y buscan la manera que eso termine en odio puro. Después de lograr su cometido, se sientan con su adversario y culpan de todo al periodista, pero no le dicen que ellos fueron ‘fuente’ de ese periodista para el ataque.

Entonces, lo peor que puede suceder, lo insólito, que ese periodista y persona con la que tuvo las diferencias, se sienten, aclaren todo, se pidan disculpas y quede al destape todo lo que había acontecido. 

Vienen entonces las venganzas y campañas de descrédito.

Esto nos lleva a Jorge Doria Corrales, miembro de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Montería, y a una vieja revista llamada ‘Impulso’.

‘Impulso’ nació en 1999 y era una revista mensual. Los dueños eran prestantes empresarios de la ciudad de Montería. Era una revista de derecha pura, no como la de ahora. Todavía su registro mercantil en la Cámara de Comercio está vigente, usted puede pedir una certificación de constitución y allí aparecen todos los socios.

Yo dirigí cinco ediciones de esa revista. Recuerdo que cuando evaluaban cada edición lo hacían al lado de la última publicación de la revista Semana, que no está de más decir que es semanal y con un cipote de presupuesto (Estamos hablando del año 1999).

El Gobernador de Córdoba en ese entonces era Ángel Villadiego Hernández.

A este mandatario lo ponían todas las semanas a viajar y un sanedrín se dedicó a cogobernar. Y le falsificaban hasta la firma. De esto llegué a tener pruebas. Por lo que decidí impetrar un Derecho de Petición. Allí comenzó a correr el reloj en mi contra. Mis días estaban contados.

Villadiego, o su sanedrín, se puso en contacto con los dueños de la revista ‘Impulso’ y se quejaron de mi abuso. Al parecer, los propietarios dijeron a la administración que no respondieran. Y no respondieron.

Los socios de la revista me reclamaron y yo les dije: “No publico nada del Derecho de Petición, pero que me responda”. Sobra decir que hice una disertación de lo que significaba publicar todos esos hechos, que para eso éramos un medio de comunicación.

Pero yo no entendía que los empresarios no pueden pensar como periodistas. Y no quería ver que todos los socios de la revista, directa o indirectamente, tenían intereses en la Gobernación de Córdoba.

Ya se venía ya la impresión de la revista. Yo tenía que ir a Bogotá a supervisar. Allá, monté el editorial de la revista que se tituló ‘El pavor al Derecho de Petición’. La portada era: ‘Las operaciones del FBI en Colombia’.

Cuando me dieron la primera revista impresa y vi el editorial, ahhh porque eso es otra cosa, no es lo mismo cuando lo ves en el ‘machote’ a cuando lo ves ya en la revista que va para la calle. Allí supe de inmediato que me iban a botar.

Un lunes de noviembre de 1999 hicieron en la mañana una urgente reunión en la oficina de David Bianchi y allí tomaron la decisión de despedirme.

Yo llegué a las dos de la tarde a la oficina de la revista, que estaba en el tercer piso de Plaza de la Castellana, y allí, Verna Vega, llorando, me dice Toño, no puedes entrar porque te echaron. Yo le digo, déjame sacar unas historias de mi computador. Y ella me responde: “No puedes, Jorge Doria mandó un técnico y bloqueo todo y que hagas lo que te dé la gana”.

El viernes tenía en mis manos el cheque de la liquidación. Lo cambié y me compré una bicicleta para hacer ejercicio y pensar.

Fue una temporada terrible. Me habían echado de El Meridiano de Córdoba y de la revista Impulso. Y comercialmente había un tácito bloqueo hacia mí para todo proyecto periodístico que iniciara.

Fue allí, montado en esa bicicleta, que la conservé por 20 años como un recuerdo a esa época, que se me ocurrió que podía escribir un libro. Y allí nació ‘Las CRÓNICAS que NO me dejaban CONTAR’.

No puedo negar, que lo que me hizo Jorge Doria me dolió en todo mi ser. Y todos los socios decían, tiempo después, que fue una decisión unilateral de él. Pero era mentira. Todos la apoyaron.

Pero antes de seguir, déjenme decirle lo que pasó con el Derecho de Petición que fue toda una JURISPRUDENCIA nacional.

La Gobernación no respondía. Yo les hice una carta en donde las pedía que me respondieran. Y salen con esta joya. Que como yo no era ‘Director’ de la ‘Revista Impulso’ no me respondían. Instauro una Tutela donde les solicito todo el soporte constitucional y legal donde yo debía ser director de un medio para responderme. El Tribunal Administrativo de Córdoba falla a mi favor, pero ellos impugnan y se va al Consejo de Estado.

Allí, en una sentencia, para mí, memorable, confirman el fallo del Tribunal Administrativo de Córdoba y los obligan a responder.

¡Qué triunfo!

Fue mi mejor aliciente para seguir escribiendo el libro.

Sale el libro y Jorge Doria se lleva la peor parte.

Estaba yo bien temprano en una panadería que se llamaba BonBini, en el centro de Montería, cuando me entra una llamada a mi celular: “¿Toño Sánchez Jr.? Un momentico, Don Juan Gossaín le va a hablar”.

Yo le había mandado los borradores a Juan Gossaín hacía tiempo para que los leyera. Yo pensaba que ni los había leído.

Cuando me dijo, lo que me dijo por celular, me di cuenta que ni yo sabía lo que había escrito.

Al día siguiente, en el horario Prime Time de su noticiero, se refirió al libro. No podía creer todo lo que decía. Aún conservo en cinta eso que dijo.

Y cada vez que algo se apaga en mi vida, por lo que sea, la pongo y resucito.

Mientras tanto, toda esa gente disfrutando de haberme botado, pero yo disfrutando el saber que podía escribir.

Les había escrito que Jorge Doria se había llevado la peor parte. Bueno, una fuente confiable, había suministrado una información ‘parcialmente cierta’. Me tragué el anzuelo.

Pasó el tiempo, no mucho, y Jorge Doria y yo por intermedio de un amigo común, nos sentamos a hablar. Yo escojo que sea un restaurante. Nada de casa. Y escojo un restaurante ‘a la derecha’ de la Avenida Circunvalar’. Allí nos dijimos todo y aclaramos todo. Él se disculpó por lo que tenía que disculparse y yo me disculpé por lo que tenía que disculparme.

No nació ninguna amistad, pero se desactivó todo resentimiento y mal entendido.

Pasó el tiempo y empezó a nacer una respetuosa amistad entre Jorge Doria y yo, que hoy aprecio y quiero conservar por siempre.

A mí me parece que los verdaderos hombres son aquellos que se atreven a sentarse y dirimir sus diferencias con respeto, dignidad y aceptación.

Por qué tendría yo que mantener unas diferencias con Jorge Doria para satisfacer a sus adversarios, públicos o agazapados. Yo escojo a mis enemigos y amigos, nadie me los escoge.

Desde allí me han cobrado cada rato esta amistad. Y viven recordando nuestras diferencias. Y con lo que ha salido a relucir en estos días de la Cámara de Comercio, ya se pueden imaginar.

Yo no tengo porque heredar los odios, resentimientos y envidias de los demás. Si Jorge Doria es santo o no: ¡no lo sé! Además, que yo no expido ‘certificados’ de santidad, ni diplomas de honestidad. Si es buen o mal marido, eso no me interesa, creo que sería su esposa la idónea para opinar sobre ese tema.

Esta es una opinión bien personal. Lo que yo percibo es que esta sociedad monteriana no le perdona a un hijo de un repuestero llegar a ser lo que es. Y muchos de los que lo critican, van a su casa a disfrutar de sus vinos y mesa.

Si Jorge Doria se ha robado o no la Cámara de Comercio no lo sé ni conozco prueba alguna. Y quien la tenga que la presente y tendré que publicar todo sobre eso.

Pero este cuento de querer sacar a sombrerazos a los miembros de la Junta de la Cámara de Comercio, cada cuatro años, se tiene que acabar.  Y eso de usar a los periodistas para esto, también.

Yo les propongo a los empresarios de Montería, atrévanse a sacarlo DE FRENTE, pero no usando al Periodismo y a Periodistas para tal fin. No sean hipócritas y doble moralistas.

Aquí hay muchos ‘empresarios’ que le deben su riqueza a los cadáveres que tienen todavía guardados en sus escaparates.

Ya está bueno de tanto irrespeto y campaña de descrédito. Yo reconozco mis errores como periodista y no hay año en el cual no lo reconozca. Pero jamás voy a aceptar el delito de la amistad.

Y también ya está bueno de tantos SEPULCROS BLANQUEADOS en Montería.

Y para otra fecha la Cena de Navidad que quedó servida en la ‘Finca 21’ por el caso la ‘Revista Impulso’.

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