Las limitaciones del Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe (I)

Por; Giovanni Argel Fuentes, Ph.D (c)

Recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó su informe anual en el que analiza “Los ocho obstáculos al desarrollo sostenible de América Latina”.

Trabajo de investigación riguroso, consistente y soportado estadísticamente conforme a la evolución sustancial de las variables económicas, sociales y territoriales de mayor impacto en América Latina y el Carible (ALyC).

El estudio analiza los obstáculos frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible-ODS definidos por la Agenda 2030 y socializados como a su vez evaluados para el año 2019, por la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe.

En ese sentido el presente artículo pretende realizar una crónica sobre los obstáculos que frenan el desarrollo socioeconómico, en América Latina y el Caribe (ALyC) a partir de lo identificado en el informe CEPAL y de hecho relacionarlo con el panorama y la situación actual de los ODS.

“Anota el informe que los países de América Latina y el Caribe están ante el desafío de implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo basado fundamentalmente en la igualdad, la inclusión social y laboral, la erradicación de la pobreza, la sostenibilidad ambiental y el crecimiento económico”.

En ese sentido la CEPAL afirma que para lograr los desafíos planteados en los ODS es sustancial impulsar las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la social, la ambiental y la económica.

Durante la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, se presentó el estudio, de 70 páginas, en el que se identificaron ocho obstáculos que impiden el desarrollo social en la región.

En esta oportunidad realizaremos cuatro (4) emisiones de este análisis, estudiando el impacto de dos obstaculos en cada publicación. Por ello conversaremos sobre los primeros obstáculos a saber: Persistencia de la Pobreza y desigualdades estructurales y la cultura del privilegio.

1. La persistencia de la pobreza. La pobreza sigue siendo el principal factor que frena el desarrollo socioeconómico en los países de ALyC.

Desde los Objetivós del Milenio, esta variable se constituyó en el principal escenario de actuación para avanzar hacia la generación de riqueza y mayor crecimiento.

Sin embargo a pesar de los esfuerzos y los programas de erradicación de la pobreza implementados por los países en esta zona, los indicadores de pobreza y miseria son altos a pesar que se ha reducido en los últimos años.

Revela el estudio “Aunque, entre 2002 y 2014, la pobreza bajó del 44,5% al 27,8% y la pobreza extrema, del 11,2% al 7,8%; entre 2015 y 2016 se registraron aumentos sucesivos de ambos indicadores, lo que representó un retroceso significativo.

Las cifras de 2017 revelaron un incremento adicional de la pobreza extrema y un estancamiento de la tasa de pobreza registrada en 2016. En 2017, el número de personas en situación de pobreza en América Latina llegó a los 184 millones, equivalente al 30,2% de la población, de los cuales 62 millones, un 10,2%, vivían en la pobreza extrema.

Indica el estudio citado. Además, en 2016, el 41,7% de las personas ocupadas en América Latina recibían ingresos laborales inferiores a los salarios mínimos nacionales.

Este porcentaje era especialmente elevado entre las mujeres jóvenes, un 60,3%. A pesar de las diferencias que se observan de país en país, la pobreza presenta rasgos comunes en toda la región: a) Se concentra más entre las mujeres, b) Se identifica que la mayor incidencia de pobreza multidimensional y de la severidad de la pobreza se da entre los menores y c) Mayor incidencia entre las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos y las personas con discapacidad.

En artículos anteriores presentamos las cifras de la pobreza multidimensional y la miseria en Colombia, índices que para 2019 se ubicaron en 35% y 20.5% respectivamente. Por encima en cinco (5) y ocho (8) puntos frente a los mismos índices en América Latina y el Caribe.

Recordemos que la pobreza está asociada al desempleo, a bajo desarrollo social, poca o débil formación y analfabetismo, desigualdad en el ingreso y se relaciona con la destrucción del ingreso real y digno. 2. Las desigualdades estructurales y la cultura del privilegio Otro de los obstáculos referidos en el estudio son las desigualdades en la población frente al ingreso y conforme a la distribución de los factores y recursos de producción.

“Los altos niveles de desigualdad existentes en la región conspiran contra el desarrollo y son una poderosa barrera para la erradicación de la pobreza, la ampliación de la ciudadanía, el ejercicio de los derechos y la gobernabilidad democrática” , indica la CEPAL.

Sin lugar a dudas, la desigualdad en los países de ALyC, se ha concentrado a partir de la irregular distribución de los recursos. Si bien se constituye en una dimensión histórica y estructural, como lo indica la Comisión, también la conspiración para no garantizar la igualdad, es de orden político y de ineficaces procesos de ajustes institucionales de los distintos gobiernos que han llegado a los países de la región.

Anota el estudio, por ejemplo, “…Entre 2002 y 2017, la desigualdad en la distribución del ingreso, expresada mediante el índice de Gini del Banco Mundial -que mide la desigualdad de ingresos de los ciudadanos en un país-, se redujo de 0,534 a 0,466, lo que es un resultado significativo…

” Si bien este índice ha disminuido moderadamente, un Gini de 0.466 refleja aún altos niveles de pobreza como de violaciones sustanciales a las garantías de derechos, ingresos, espacios territoriales, autonomía y desarrollo social.

Sigue siendo alta la desigualdad y somos la región con mayor índice en esta dimensión en el mundo. Indica la CEPAL que las desigualdades se ven acentuadas y bloqueadas por la llamada cultura del privilegio que naturaliza las jerarquías sociales y las profundas asimetrías de acceso a los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos.

Ahora la cultura del privilegio puede entenderse a partir de tres rasgos básicos que se remontan a la lógica colonial y que en la historia republicana se transfguran y a la vez se preservan.

El primero es la naturalización de la diferencia como desigualdad. Condiciones adscriptivas o semiadscriptivas operan como factores que justifican la desigualdad en derechos de propiedad, poder, nivel de vida, acceso a activos, redes de infuencia y condición de ciudadanía.

El segundo rasgo presente en la cultura del privilegio es que quien establece esta jerarquía no es un juez imparcial, sino un actor entre otros que procura apropiarse de benefcios, para lo cual se constituye a la vez en juez y parte. Este sujeto obtiene esa posición de privilegio por su origen de clase o de sangre, su posición socioeconómica, adscripción racial o de género, su cuna, su cultura o su pertenencia a élites de poder, o una combinación de las anteriores.

El tercer rasgo propio de la cultura del privilegio es que, para operar y perpetuarse, la jerarquía tiene que difundirse a través de actores, instituciones, reglas y prácticas. De esta manera, se establece una dialéctica entre, por una parte, la naturalización de la diferencia como desigualdad y, por otra, la reproducción de las desigualdades por medio de estructuras e instituciones sociales. (Tomado de Desarrollo e Igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio.

Textos seleccionados del período 2008-2018. Ricardo Bielschowsky – Miguel Torres | compiladores). Como puede evidenciarse, la cultura del privilegio, la recomendación, la corrupción y el clientelismo adscriptivo, en Colombia, es pan de cada día. Tanto en las instituciones y corporaciones públicas como los procesos electorales y de formación (educacionales). Todo ello es catalizador de la desigualdad.

La próxima publicación presentará análisis sobre los obstáculos: 3. Las brechas en educación, salud y de acceso a servicios básicos. 4. La falta de trabajo y la incertidumbre del mercado laboral. (*) Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.

Sinembargo a pesar de los esfuerzos y los programas de erradicación de la pobreza implementados por los países en esta zona, los indicadores de pobreza y miseria son altos a pesar que se ha reducido en los últimos años. Revela el estudio “Aunque, entre 2002 y 2014, la pobreza bajó del 44,5% al 27,8% y la pobreza extrema, del 11,2% al 7,8%; entre 2015 y 2016 se registraron aumentos sucesivos de ambos indicadores, lo que representó un retroceso significativo.

Las cifras de 2017 revelaron un incremento adicional de la pobreza extrema y un estancamiento de la tasa de pobreza registrada en 2016. En 2017, el número de personas en situación de pobreza en América Latina llegó a los 184 millones, equivalente al 30,2% de la población, de los cuales 62 millones, un 10,2%, vivían en la pobreza extrema. Indica el estudio citado.

Además, en 2016, el 41,7% de las personas ocupadas en América Latina recibían ingresos laborales inferiores a los salarios mínimos nacionales. Este porcentaje era especialmente elevado entre las mujeres jóvenes, un 60,3%.

A pesar de las diferencias que se observan de país en país, la pobreza presenta rasgos comunes en toda la región: a) Se concentra más entre las mujeres, b) Se identifica que la mayor incidencia de pobreza multidimensional y de la severidad de la pobreza se da entre los menores y c) Mayor incidencia entre las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos y las personas con discapacidad. En artículos anteriores presentamos las cifras de la pobreza multidimensional y la miseria en Colombia, índices que para 2019 se ubicaron en 35% y 20.5% respectivamente.

Por encima en cinco (5) y ocho (8) puntos frente a los mismos índices en América Latina y el Caribe. Recordemos que la pobreza está asociada al desempleo, a bajo desarrollo social, poca o débil formación y analfabetismo, desigualdad en el ingreso y se relaciona con la destrucción del ingreso real y digno. 2.

Las desigualdades estructurales y la cultura del privilegio Otro de los obstáculos referidos en el estudio son las desigualdades en la población frente al ingreso y conforme a la distribución de los factores y recursos de producción. “Los altos niveles de desigualdad existentes en la región conspiran contra el desarrollo y son una poderosa barrera para la erradicación de la pobreza, la ampliación de la ciudadanía, el ejercicio de los derechos y la gobernabilidad democrática” , indica la CEPAL.

Sin lugar a dudas, la desigualdad en los países de ALyC, se ha concentrado a partir de la irregular distribución de los recursos. Si bien se constituye en una dimensión histórica y estructural, como lo indica la Comisión, también la conspiración para no garantizar la igualdad, es de orden político y de ineficaces procesos de ajustes institucionales de los distintos gobiernos que han llegado a los países de la región.

Anota el estudio, por ejemplo, “…Entre 2002 y 2017, la desigualdad en la distribución del ingreso, expresada mediante el índice de Gini del Banco Mundial -que mide la desigualdad de ingresos de los ciudadanos en un país-, se redujo de 0,534 a 0,466, lo que es un resultado significativo…” Si bien este índice ha disminuido moderadamente, un Gini de 0.466 refleja aún altos niveles de pobreza como de violaciones sustanciales a las garantías de derechos, ingresos, espacios territoriales, autonomía y desarrollo social.

Sigue siendo alta la desigualdad y somos la región con mayor índice en esta dimensión en el mundo. Indica la CEPAL que las desigualdades se ven acentuadas y bloqueadas por la llamada cultura del privilegio que naturaliza las jerarquías sociales y las profundas asimetrías de acceso a los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos.

Ahora la cultura del privilegio puede entenderse a partir de tres rasgos básicos que se remontan a la lógica colonial y que en la historia republicana se transfguran y a la vez se preservan.

El primero es la naturalización de la diferencia como desigualdad. Condiciones adscriptivas o semiadscriptivas operan como factores que justifican la desigualdad en derechos de propiedad, poder, nivel de vida, acceso a activos, redes de infuencia y condición de ciudadanía.

El segundo rasgo presente en la cultura del privilegio es que quien establece esta jerarquía no es un juez imparcial, sino un actor entre otros que procura apropiarse de benefcios, para lo cual se constituye a la vez en juez y parte. Este sujeto obtiene esa posición de privilegio por su origen de clase o de sangre, su posición socioeconómica, adscripción racial o de género, su cuna, su cultura o su pertenencia a élites de poder, o una combinación de las anteriores.

El tercer rasgo propio de la cultura del privilegio es que, para operar y perpetuarse, la jerarquía tiene que difundirse a través de actores, instituciones, reglas y prácticas. De esta manera, se establece una dialéctica entre, por una parte, la naturalización de la diferencia como desigualdad y, por otra, la reproducción de las desigualdades por medio de estructuras e instituciones sociales.

(Tomado de Desarrollo e Igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio. Textos seleccionados del período 2008-2018. Ricardo Bielschowsky – Miguel Torres | compiladores). Como puede evidenciarse, la cultura del privilegio, la recomendación, la corrupción y el clientelismo adscriptivo, en Colombia, es pan de cada día.

Tanto en las instituciones y corporaciones públicas como los procesos electorales y de formación (educacionales). Todo ello es catalizador de la desigualdad. La próxima publicación presentará análisis sobre los obstáculos: 3.

Las brechas en educación, salud y de acceso a servicios básicos. 4. La falta de trabajo y la incertidumbre del mercado laboral. (*) Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.

Tomado de Desarrollo e Igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio. Textos seleccionados del período 2008-2018. Ricardo Bielschowsky – Miguel Torres | compiladores). Como puede evidenciarse, la cultura del privilegio, la recomendación, la corrupción y el clientelismo adscriptivo, en Colombia, es pan de cada día.

Tanto en las instituciones y corporaciones públicas como los procesos electorales y de formación (educacionales). Todo ello es catalizador de la desigualdad. La próxima publicación presentará análisis sobre los obstáculos: 3. Las brechas en educación, salud y de acceso a servicios básicos. 4. La falta de trabajo y la incertidumbre del mercado laboral. (*) Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.

Anota el informe que los países de América Latina y el Caribe están ante el desafío de implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo basado fundamentalmente en la igualdad, la inclusión social y laboral, la erradicación de la pobreza, la sostenibilidad ambiental y el crecimiento económico”.

En ese sentido la CEPAL afirma que para lograr los desafíos planteados en los ODS es sustancial impulsar las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la social, la ambiental y la económica. Durante la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, se presentó el estudio, de 70 páginas, en el que se identificaron ocho obstáculos que impiden el desarrollo social en la región.

En esta oportunidad realizaremos cuatro (4) emisiones de este análisis, estudiando el impacto de dos obstaculos en cada publicación. Por ello conversaremos sobre los primeros obstáculos a saber: Persistencia de la Pobreza y desigualdades estructurales y la cultura del privilegio. 1. La persistencia de la pobreza. La pobreza sigue siendo el principal factor que frena el desarrollo socioeconómico en los países de ALyC.

Desde los Objetivós del Milenio, esta variable se constituyó en el principal escenario de actuación para avanzar hacia la generación de riqueza y mayor crecimiento. Sin embargo a pesar de los esfuerzos y los programas de erradicación de la pobreza implementados por los países en esta zona, los indicadores de pobreza y miseria son altos a pesar que se ha reducido en los últimos años.

Revela el estudio “Aunque, entre 2002 y 2014, la pobreza bajó del 44,5% al 27,8% y la pobreza extrema, del 11,2% al 7,8%; entre 2015 y 2016 se registraron aumentos sucesivos de ambos indicadores, lo que representó un retroceso significativo. Las cifras de 2017 revelaron un incremento adicional de la pobreza extrema y un estancamiento de la tasa de pobreza registrada en 2016.

En 2017, el número de personas en situación de pobreza en América Latina llegó a los 184 millones, equivalente al 30,2% de la población, de los cuales 62 millones, un 10,2%, vivían en la pobreza extrema. Indica el estudio citado. Además, en 2016, el 41,7% de las personas ocupadas en América Latina recibían ingresos laborales inferiores a los salarios mínimos nacionales.

Este porcentaje era especialmente elevado entre las mujeres jóvenes, un 60,3%. A pesar de las diferencias que se observan de país en país, la pobreza presenta rasgos comunes en toda la región: a) Se concentra más entre las mujeres, b) Se identifica que la mayor incidencia de pobreza multidimensional y de la severidad de la pobreza se da entre los menores y c) Mayor incidencia entre las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos y las personas con discapacidad.

En artículos anteriores presentamos las cifras de la pobreza multidimensional y la miseria en Colombia, índices que para 2019 se ubicaron en 35% y 20.5% respectivamente. Por encima en cinco (5) y ocho (8) puntos frente a los mismos índices en América Latina y el Caribe.

Recordemos que la pobreza está asociada al desempleo, a bajo desarrollo social, poca o débil formación y analfabetismo, desigualdad en el ingreso y se relaciona con la destrucción del ingreso real y digno. 2. Las desigualdades estructurales y la cultura del privilegio Otro de los obstáculos referidos en el estudio son las desigualdades en la población frente al ingreso y conforme a la distribución de los factores y recursos de producción.

“Los altos niveles de desigualdad existentes en la región conspiran contra el desarrollo y son una poderosa barrera para la erradicación de la pobreza, la ampliación de la ciudadanía, el ejercicio de los derechos y la gobernabilidad democrática” , indica la CEPAL. Sin lugar a dudas, la desigualdad en los países de ALyC, se ha concentrado a partir de la irregular distribución de los recursos.

Si bien se constituye en una dimensión histórica y estructural, como lo indica la Comisión, también la conspiración para no garantizar la igualdad, es de orden político y de ineficaces procesos de ajustes institucionales de los distintos gobiernos que han llegado a los países de la región.

Anota el estudio, por ejemplo, “…Entre 2002 y 2017, la desigualdad en la distribución del ingreso, expresada mediante el índice de Gini del Banco Mundial -que mide la desigualdad de ingresos de los ciudadanos en un país-, se redujo de 0,534 a 0,466, lo que es un resultado significativo…” Si bien este índice ha disminuido moderadamente, un Gini de 0.466 refleja aún altos niveles de pobreza como de violaciones sustanciales a las garantías de derechos, ingresos, espacios territoriales, autonomía y desarrollo social.

Sigue siendo alta la desigualdad y somos la región con mayor índice en esta dimensión en el mundo. Indica la CEPAL que las desigualdades se ven acentuadas y bloqueadas por la llamada cultura del privilegio que naturaliza las jerarquías sociales y las profundas asimetrías de acceso a los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos. Ahora la cultura del privilegio puede entenderse a partir de tres rasgos básicos que se remontan a la lógica colonial y que en la historia republicana se transfguran y a la vez se preservan.

El primero es la naturalización de la diferencia como desigualdad. Condiciones adscriptivas o semiadscriptivas operan como factores que justifican la desigualdad en derechos de propiedad, poder, nivel de vida, acceso a activos, redes de infuencia y condición de ciudadanía.

El segundo rasgo presente en la cultura del privilegio es que quien establece esta jerarquía no es un juez imparcial, sino un actor entre otros que procura apropiarse de benefcios, para lo cual se constituye a la vez en juez y parte. Este sujeto obtiene esa posición de privilegio por su origen de clase o de sangre, su posición socioeconómica, adscripción racial o de género, su cuna, su cultura o su pertenencia a élites de poder, o una combinación de las anteriores.

El tercer rasgo propio de la cultura del privilegio es que, para operar y perpetuarse, la jerarquía tiene que difundirse a través de actores, instituciones, reglas y prácticas. De esta manera, se establece una dialéctica entre, por una parte, la naturalización de la diferencia como desigualdad y, por otra, la reproducción de las desigualdades por medio de estructuras e instituciones sociales. (Tomado de Desarrollo e Igualdad: el pensamiento de la CEPAL en su séptimo decenio.

Textos seleccionados del período 2008-2018. Ricardo Bielschowsky – Miguel Torres | compiladores). Como puede evidenciarse, la cultura del privilegio, la recomendación, la corrupción y el clientelismo adscriptivo, en Colombia, es pan de cada día. Tanto en las instituciones y corporaciones públicas como los procesos electorales y de formación (educacionales).

Todo ello es catalizador de la desigualdad. La próxima publicación presentará análisis sobre los obstáculos: 3. Las brechas en educación, salud y de acceso a servicios básicos. 4. La falta de trabajo y la incertidumbre del mercado laboral. (*) Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.

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