Las tales ‘coaliciones’ del Concejo de Montería

Por: Toño Sánchez Jr.

No empecemos esta nueva década 2020, y bello número, 20 20, diciéndonos mentiras o engañándonos. En el juego de la vida tú puedes engañar a los demás, pero lo que jamás puedes hacer, por sanidad mental y demás, es engañarte uno mismo.

Yo estoy en una etapa de mi vida en donde no me permito engañarme ni engañar a los demás y en donde defenderé mis convicciones con todo el fervor y credibilidad.

Eso de las ‘coaliciones’ de los concejales es la manera eufemística de llamar hoy en día lo que en realidad es un concierto para delinquir extorsionando, y todo desde la legalidad.

Se amparan en que el pueblo les dio un ‘mandato’ para ejercer el derecho constitucional y legal del control político y la oposición. Eso es cierto en el papel. Pero la realidad es que nunca han ejercido ni ejercerán esas dos herramientas. ¿Por qué? porque al igual del constitucional Derecho de Petición que algunos periodistas han convertido en herramienta de extorsión; eso del control político y oposición no es otra cosa que chantajear al alcalde de turno.

Y no crean que esta decisión es a motu proprio, es ordenada por sus jefes políticos. Como es el caso de Erasmo Zuleta, que ordenó irse en contra del alcalde Carlos Ordosgoitia, después de votar por él. Todo porque no lo dejaron despacharse la alcaldía. ¿Entonces? ¿Esto es lo que llaman control político? ¿Esto es lo que llaman oposición?

Nadie está insinuando que los concejales no ejerzan estos dos esenciales derechos y poderosas herramientas de la democracia, es más, si lo hicieren con convicción, honestidad y por la búsqueda de construir una mejor Montería, maravilloso. Ganamos todos. Desde el alcalde hasta el más olvidado corregimiento, vereda o caserío de Montería.

Pero no es mentira que esta ‘oposición’ son un nítido mensaje al alcalde de turno para que la ‘suelte’, sino, no le aprueban nada.

Desde 1988, que existe la elección popular de alcaldes, a los concejales se les dan prebendas desde la administración para que aprueben las iniciativas que presenta el alcalde de turno.
Pero en aquellos tiempos era un puesto, una plaza para un maestro, un contrato para tapar unos huecos, hacer una cuneta o unas letrinas. Una secretaría para una íntima amiga de un congresista. Los evasores pedían que les condonaran el predial. Los infractores de transito que les desaparecieran las multas. Los robadores de humedales que el inspector no hiciera nada para lanzarlos.

Pero desde que los contratistas civiles se aliaron a los políticos descubrieron que ellos podían poner alcaldes y concejales, entonces comenzó la gran hipoteca de la democracia. Todo era pago. Y los votantes comenzaron a ser ‘enchiquerados’ y mostrados para venderlos al que mejor pagara el voto.

Y el contratista, junto a los políticos que ganaban las elecciones, se despachaban todo.

Entonces compraron a concejos completos o a los que necesitaban para integrar la coalición mayoritaria. Hubo casos en donde los enjaulaban en una finca, les controlaban el celular y desde allí salían a posesionarse y a tomarse la mesa directiva del Concejo. Y ustedes creen que era para hacer oposición o control político. ¡Era para asaltarse a ese municipio! Y para asegurarse la impunidad total al elegir a Contralor y Personero de bolsillo.

Para reasegurarse de que no se torcieran [Uso este delincuencial término porque estamos escribiendo de bandidos] los hacían firmas letras de cambio y hasta pagarés en blanco.

Esa es la asquienta realidad de las tales coaliciones.

Ha habido alcaldes que para evitarse estos ‘tropiezos’ reúne a los ‘lideres’ de la extorsión en el Concejo y les dice esto hay para ustedes en cada año de mi administración si me aprueban lo que necesito. Y todo fluye.

Pero todo se enreda cuando los que tienen la mayoritaria ‘coalición’ se atragantan con el hueso que les tiró el mandatario de turno o los contratistas que los financiaron.

Y resulta que arman otra ‘coalición’ y el alcalde debe ‘refinanciar’ la extorsión.

Ahora una cosa. Los que no son así no salgan hoy a escamarse o a calzarse un guante que no es para ustedes ni a mandar a sus hordas, los de las ‘bodeguitas’, a atacarme. Vamos a debatir este tema de frente. Dando la cara. Tenemos que aprender a aceptar duras verdades, para hacer un verdadero acto de contrición, no repetición y volver a empezar, pero bien.

No quería referirme a esto pero lo voy hacer, porque sé lo que se viene con esta columna.

En la campaña pasada se impuso de manera plena una grosera y vulgar estrategia, digo plena porque en una reciente se hizo a medias y dio resultado. Que consistió en buscar a exconcejales que tuvieron sus votos pero que no contaron con suerte para reelegirse. Le decían: << ¿Quieres volver a aspirar? No te preocupes por el dinero, yo te financio todo. Búscate tus voticos que yo te ‘pongo’ lo que te faltan>>.

Y salieron. La condición era aprobarle todo a la administración de turno.

En las elecciones pasadas un aspirante patrocinó financieramente toda la campaña de los aspirantes que le darían la mayoría en el Concejo. Pregunto: ¿Eso es democracia? Esos concejales financiados y ‘fletados’ iban a armar cuentos de ‘control político’ y ‘oposición’.

La democracia colombiana es como me dijo un gran amigo, que me reservo el nombre para que no lo vayan a crucificar: “La democracia de Colombia es como esas mujeres que desde lejos se ven hermosas, pero de cerquita espantan”.

Bueno, la democracia en Colombia de cerquita es una democracia delincuencial, asquienta y putrefacta.

Pero uno puede pasar por el valle más asquiento y salir limpio. ¿Cómo se hace? Sin importar que la ropa y zapatos se te ensucien, pero que jamás tu alma, corazón, espíritu y sanas convicciones se unten de eso. Y que cuando tus manos las metas, sea para limpiar toda esa podredumbre.

Yo, hoy 4 de enero de 2020, creo en Carlos Ordosgoitia Sanín y en Orlando Benítez. Sé que los van a presionar más allá de sus límites, y si se contaminan, quiero que sepan que después los dejaran solos. Y habrán reventado en mil pedazos las esperanzas de esas miles de personas que en ustedes creyeron. ¡Métanse esto en la cabeza! Así este país sea un desastre, detrás de él hay un movimiento ciudadano que cambió y las cosas están cambiando. Solo los imbéciles no se han dado cuenta y quieren que se mantenga el Stato Quo del bandidaje en la democracia.

Causa repugnancia escuchar a gente decir: “Es que Carlos Ordosgoitia no le dio ‘MANEJO’ a esto de los concejales”.

Y saben ustedes ¿qué es eso de ‘MANEJO’?

Buscar un ‘broker’, un ‘intermediario’ que negociara con los concejales la tarifa del cuatrenio.

Ustedes preguntarán cómo hicieron los últimos alcaldes. Bueno, entonces me tocará buscar un gran pizarrón y bastante plastilina para hacerme entender.

¡Para terminar!

Yo soy un perdido esclavo de la esperanza, la fe (¡Nada de religiosidad!) y el amor. Y tengo la esperanza de que todo está cambiando, que costará, claro que sí. El futuro se construye cada día. Día a día. Despertar a despertar. Y espero que Carlos Ordosgoitia Sanín y los concejales, que creen que se pueden hacer las cosas bien, lo hagan día a día. Así cada día, los que apuestan porque a Carlos Ordosgoitia le vaya mal, sigan deseándolo. No hay nada más grandioso que callarle la boca a los que nunca creyeron en uno. Esto es más mágico que un orgasmo.

Feliz Año 20 20… y seguimos pa’ encima.

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