Les gusta la guerra, pero con los hijos ajenos

Les gusta la guerra, pero con los hijos ajenos

Por: Toño Sánchez Jr.

“SOLO LOS MUERTOS HAN VISTO EL FIN DE LA GUERRA”

      PLATÓN

Ya tengo la certeza de que lo que quieren darle a este país es desesperanza y mostrarle lo que más nos sacia: la desgracia humana y la violencia. Para esto el mejor ‘Diplomado’, ‘Especialización’, ‘Maestría’, ‘Doctorado’ y ‘PhD’ lo tienen los medios de comunicación del interior.

Como dijo Dan Brown en su libro de ‘Ángeles y Demonios’: “No hay nada que venda más que la desgracia humana”. Y podríamos agregar otra terrible frase, como la que sentencia: “Que no hay nada que una más que irse en contra de alguien o de algo”.

Aquí todos los medios de interior (y también los regionales) están en contra de todos los actos de reconciliación y de perdón que se dan. Yo creía inicialmente que solo ignoraban adrede los eventos que organizaban los excomandantes de las Autodefensas; pero el viernes 15 de noviembre de 2019 concluí, sin equívoco alguno, que tienen la orden de no mostrar nada que invite al perdón y a la reconciliación.

Los medios de comunicación del interior parce que estuvieran emparentados con aquel asesino Charles Manson, que escribió en una pared con la sangre de una de sus víctimas, Sharon Tate, “quiero más sangre”.

Es como si disfrutaran de tener a Colombia predispuesta para la violencia y negada para la reconciliación y el perdón. Miren los noticieros de televisión, son apología pura a la violencia. Y los principales medios escritos tienen su periodiquito secuaz, en donde publican con regocijo y burla todo lo violento de su ciudad, pero con unos titulares y redacción vulgar, asquienta y despreciable. Estas publicaciones las defienden al mejor estilo de los cínicos: “A la gente se le da lo que le gusta”. Como si los ciudadanos hicieran verbales o escritas solicitudes de que les vendan desgracias.

Resulta que el pasado viernes 15 de noviembre de 2019 se realizó en Bogotá el acto Firma Declaración ‘COMPROMISO CON LA VIDA, LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN’, entre ex comandantes y ex combatientes de las Farc, Autodefensas Unidas de Colombia, M-19, EPL, ELN (Replanteamiento), PRT y CRS. Todo esto coordinado por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que contó con el apoyo y acompañamiento técnico del Centro Internacional de Justicia Transicional, ICJT, (Por sus siglas en inglés).

Durante 8 meses, entre febrero y noviembre de 2019, todos estos ex comandantes tuvieron mesas de trabajo, llamadas ‘Narrativas de excombatientes’, en donde deliberaban y cada uno exponía las razones de por qué se fueron a la guerra. En algunos momentos hubo encendidas intervenciones y cuestionamientos. Pero nadie se paraba o se iba de la mesa.

Hasta que llegaron a puntos de encuentro que quedaron plasmados en un documento que fue firmado por todos y entregado a la Comisión de la Verdad y al Gobierno Nacional.

Pero en la ceremonia de entrega de la mencionada Declaración  ‘COMPROMISO CON LA VIDA, LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN’ hubo un especial y espontáneo momento en donde todos los firmantes pasan a una pequeña tarima, entonces aparece un solitario saxofonista interpretando la colombianísima melodía ‘La Piragua’. De un momento a otro todos estos excomandantes y ex combatientes de la guerrilla y de las Autodefensas comienzan a fundirse en largos abrazos de reconciliación y perdón.

Al ver esto, solo pensé: <<¡Increíble! Los que fomentaron esta terrible guerra en Colombia, que sembraron de sangre y muerte nuestras tierras, se están abrazando, perdonando y reconciliándose, pero a unos metros de la salida de este recinto unos vendedores de odio de izquierda y de derecha quieren más sangre e incendiar al país. Les gusta la guerra, pero con los hijos ajenos>>.

Desde que llegué al reciento del acto miré hacia donde estaban situados los periodistas, camarógrafos y fotógrafos. Supe enseguida que iba a ser un hecho totalmente ignorado. Y así fue. Pero si alguien vio alguna noticia, lo más seguro es que fue de esas noticias que llaman de relleno y que van bien escondidas en sus páginas o noticieros.

Hoy recuerdo como también fueron ignorados conmovedores actos de perdón y reconciliación, por ejemplo, el organizado por el Tribunal de Justicia y Paz, con Magistrados que se desplazaron desde Bogotá hacia una cárcel de Bucaramanga para presidir semejante acto. Había que estar allí para creer lo que allí se vivió cuando los excomandantes y excombatientes de las AUC se encontraron con las madres y padres de sus víctimas.

Nunca he podido olvidar una escena de ese sensible acto.

Una madre se para ante el micrófono. Y empieza a decirle al excomandante de las AUC: “Usted mató a mi marido cuando yo estaba embarazada, mi vida se acabó, pasé necesidades. Hoy mi hijo está aquí conmigo y tiene 16 años, es él”. Y la señora lo señala. En ese momento el joven se levanta y se dirige hacia el centro del recinto, el suelo estaba cubierto de flores que los excombatientes habían regado por todo el piso. El muchacho se agacha y recoge una rosa. Y camina directo hacia el asesino de su padre y le dice: “Tú mataste a mi padre, pero yo te perdono, y toma esta rosa como un gesto de perdón y reconciliación”.

Eso fue hace cinco años. Yo estoy seguro que si esos actos se hubiesen mostrado al país, cientos de miles de corazones se hubiesen desarmado también.

Y no menos conmovedor, fueron también los mismos actos de perdón y reconciliación realizados en Santa Rosa y otros municipios del sur de Bolívar, entre excomandantes y excombatientes del Bloque Central Bolívar y sus víctimas.

Pero todo esto es ignorado, para que el país tenga el sentir que aquí nadie ha pedido perdón ni se ha buscado la reconciliación.

Yo soy convencido de las bondades de la Justicia Restaurativa y de la Justicia Transicional. Sé que con una verdadera voluntad de perdón y reconciliación se puede sanar a nuestro. Pero para ello esto hay que visibilizarlo y apoyarlo, para aprender a construir, entre todos, esta nueva Colombia ávida de reconciliación.

En el documento firmado el 15 de noviembre de 2019 entre todos los actores del conflicto en Colombia hay apartes que son determinantes para construir la paz de la nación. Y espero que no se vaya a volver a cometer el error histórico de ignorar lo que piden las personas con las que has negociado la paz.

Además que hay compromisos plasmados allí por parte de estos excombatientes que tenemos que tenerlos presentes para como sociedad civil exigírselos por siempre. Como por ejemplo:

“Somos mujeres y hombres  que alguna vez empuñamos las armas, porque creíamos que eran la alternativa para defender determinados ideales y propósitos, y que ahora coincidimos en un compromiso serio con la solución política del conflicto armado y la construcción de la paz con justicia social”.

En el texto también se puede notar de cómo se puede llegar al diálogo y entendimiento con tu enemigo.

“Es la primera vez en Colombia que se realiza un trabajo conjunto, un encuentro no episódico entre actores que estuvimos en vertientes armadas confrontadas, desde las orillas de la insurgencia y la contrainsurgencia. Del apretón de manos distante que inauguró las actividades, pasamos a escucharnos, a discutir algunas veces con vehemencia, hasta llegar a descubrir circunstancias coincidentes, lógicas recurrentes, esfuerzos y dolores padecidos, así como reconocer los altos costos, el drama y el horror derivados de la guerra. Despojados de las armas, entendimos la posibilidad histórica que se nos presentaba con este empeño, que estamos seguros puede tributar con creces al logro de la paz y la reconciliación”.

Y esperemos que esto que escribieron los excomandantes no sea algo profético y que ya se esté repitiendo:

“El Estado colombiano se mostró incapaz de consolidar la paz en las regiones controladas anteriormente por la insurgencia, permitiendo la prolongación en ellas de otras dinámicas de guerra, y lo que es más grave, desmontó mediante posteriores reformas constitucionales, varios de los aspectos más avanzados consagrados por el Constituyente de 1991”.

La Declaración ‘COMPROMISO CON LA VIDA, LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN’ termina con la entrega pública de varias consideraciones y compromisos. Voy a transcribir algunos. (Al final de esta columna están todos textualmente para quien quiera leerlos).

Segundo.

“Nuestro compromiso con la paz de Colombia significa un Nunca Más a la guerra y un rechazo a la violencia como forma de acción política. Recogemos el llamado del punto 3.4 del Acuerdo Final de La Habana, sobre un pacto nacional para sacar definitivamente las armas y la violencia de la política”.

Quinto.

“Rechazamos la posición asumida por los sectores que siempre han trabajado por hacer trizas los Acuerdos de Paz, en aplicación de la vieja práctica estatal de incumplir la palabra comprometida. Nos apartamos de quienes insisten en persistir alzados en armas y de quienes tomaron la decisión de volver a ellas. El sufrimiento de un pueblo que ha puesto más de ocho millones de víctimas en una guerra fratricida de más de medio siglo y sin futuro, basta para indicar que ya ese no es el camino. Las grandes transformaciones que reclama la Nación colombiana solo podrán obtenerse con la consciencia y la organización de su pueblo. Para los exintegrantes de las AUC, recurrir a su nombre y logotipo con el fin de lanzar ante el país una proclama de guerra, no corresponde al sentir del gran universo de sus desmovilizados. En conjunto desaprobamos cualquier manifestación, provenga de donde proviniere, que se constituya en una amenaza para la paz. Apoyamos y llamamos a seguir el ejemplo de la gran mayoría de quienes han suscrito Acuerdos de Paz y los honraron”.

Y no podía faltar el ‘combustible’ del conflicto, el narcotráfico:  

Séptimo.

“Estamos convencidos de que el narcotráfico sigue siendo un grave generador de violencia en nuestro país, pero a la vez nos identificamos con la idea de que la llamada guerra contra las drogas no es el camino para solucionarlo. Los distintos Acuerdos de Paz contemplaron una salida justa al problema. Instamos al Estado colombiano a adoptar alternativas viables de naturaleza política y jurídica para lograr el acogimiento a la legalidad de los grupos armados que persisten en actividades ilegales”.

No quiero terminar sin citar textualmente este otro aparte de la Declaración:

“(…) Es tarea de las partes del conflicto bélico poner punto final a la guerra, pero es tarea del Estado, los gobiernos y el conjunto de la sociedad construir la paz y garantizar la justicia social”.

Las mayúsculas, negrillas y subrayado son míos, no hacen parte del texto original:

“LLAMAMOS A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN A DESEMPEÑAR UN PAPEL DECISIVO EN FAVOR DE LA PAZ, SUMÁNDOSE CON SU ENORME INFLUENCIA AL ANHELO DEL PUEBLO COLOMBIANO POR LA RECONCILIACIÓN Y LA CONVICENCIA PACÍFICA”.

En fin, esto escrito está. Y yo creo en esta Declaración de estos excomandantes y excombatientes de la guerrilla y de las autodefensas. Está en manos del Estado y de la sociedad poner de su parte para verdaderamente construir un país en constante reconciliación.
Y metámonos en la cabeza de que el perdón no es para el otro, es para uno mismo; y la reconciliación vamos a construirla. O como lo vi en una película sobre el proceso de paz en Sudáfrica: “Vamos a perdonar, pero la reconciliación vamos a dejársela a Dios”.

Y si asumimos que Dios somos nosotros mismos, entonces está en nuestras manos.

Y está en manos de los medios de comunicación –TODOS-  no reclamar más sangre ni vender más sangre y violencia.

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