Los ‘neoilegales’ que produce una ‘Justicia’ Selectiva

Los ‘neoilegales’ que produce una ‘Justicia’ Selectiva

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Por: Toño Sánchez Jr.

Llaman despectivamente “ilegales” a todas las personas que entran sin papeles a otro país. Pero resulta que en Colombia ha nacido, producto del odio y resentimiento -‘zurdo-derecho’-, una nueva clase de ciudadanos ‘ilegales’, que son aquellos que no son ni izquierdosos ni derechosos, pero que por estar en la mitad y no darle la razón a unos u otros son tildados de ‘guerrillos’ o ‘paracos’, por no avalar los tenebrosos y lapidadores discursos que arman desde cada orilla.

Estamos ante lo que podríamos llamar una ‘Colombiafobia’, que la podría definir como el odio que despierta el colombiano que no piense como yo, y en el peor de los casos, que no actúe como lo pretenden los miembros de esos dos extremos. Que están empujando a esta Nación hacia el odio, en donde no existan contradictores sino solo enemigos a quienes hay que destruir.

Vamos camino a una neo anarquía.

No es un secreto que una estrategia para mantenerse en el poder, o conseguirlo, es el caos total. La verdad usada a medias para destruir a quien no esté conmigo o no piense como yo. La mentira convertida en verdad pura… en un axioma. Logro al que jamás llegó Joseph Gobbels, aquel a quien le atribuyen esa terrible cita: “Una mentira repetida mil veces se termina convirtiendo en verdad’.

Y sigo convencido de que en este país el problema no son los incendiarios e irresponsables discursos de los de la izquierda o de la derecha. Ni las personas que dirigen esas dos tenebrosas y oscuras esquinas, considero que lo que nos va a llevar a la destrucción total es una mal llamada JUSTICIA o PODER JUDICIAL. Que desde hace mucho tiempo está al servicio de la venganza, el desquite, el odio, el poder, el billete y todas las anteriores. Y allí hay zurdos y derechos, pero no confundan esta última palabra con rectitud, solo evoquen al ‘Cartel de la Toga’ (Se llama Corte Suprema de Justicia) para que corroboren que los verdaderos bandidos se ‘entogan’ y se amangualan con presidentes de turno, corruptos, mamertos y paracos para mantener un caos controlado que les permita tener intervenido y cooptado al Estado.

Si Uribe es inocente yo no lo sé. Ni quiero saberlo. Pero sí sé que quien lo está investigando no lo investiga, lo está cazando. Y quienes me leen saben que ese ex no es ‘santo’ de mi devoción. Lo cierto es que uno desde una magistratura no puede volver mierda todo un sistema de procedimiento penal y destruir miles de páginas escritas por los más excelsos jurisconsultos sobre prueba y derecho procesal. Todo con la intención de joder a quien odio. Hay un aforismo que dice que un operador judicial no puede actuar ni usar las mismas armas del delincuente que dice perseguir o investigar. Entonces quién sería aquí más despreciable.

Yo a veces hasta creo que la misma izquierda quiere que acaben a Uribe para irse a lo que les gusta, y desatar algo con lo que siempre han soñado: TODAS LAS FORMAS DE LUCHA.

Mis diferencias con Uribe no pueden estar por encima de uno de los PRINCIPIOS más sagrados de una VERDADERA JUSTICIA: EL DEBIDO PROCESO.

Lo mismo predicaría hoy si fuese a Gustavo Petro a quien estuvieran violentándole este esencial principio, muy a pesar de considerar, para mí, léase bien, para mí, a Petro como el mamerto más medio güevo que ha tenido este país. Así como hay otros así en el otro extremo, en el CD.

Lo que tiene que quedar en claro en Colombia de una vez por todas es que no debería existir nadie, pero nadie, por encima de la LEY, sea quien sea. El problema radica en que la Justicia en Colombia se convirtió en una herramienta de venganza. Y la Justicia no tiene nada que ver con la venganza.

El otro terrible hecho es que una izquierda resentida se tomó parte de las Altas Cortes y Juzgados y en vez de dar ejemplo de respeto por todos esos principios del Derecho Procesal han cogido la magistratura para desquite. Ni escribir de fiscales y miembros de la Policía Judicial.

Igual, fundamentalistas de derecha, que llegan a estos cargos o ministerios, ven por todos lados al ‘Ché’ Guevara, a Fidel Castro, a Hugo Chávez y a Maduro.

Cuando el Estado se convierte en una especie de escuadrón punitivo la palabra democracia desaparece. Estamos sin temor a equivocarnos ante un golpe de estado palaciego por parte del Poder Judicial, en donde el extremo que se vea beneficiado o afectado defiende o desacredita.

Mientras tanto, los verdaderos enemigos de este país: la extrema pobreza, la pobreza, la miseria, el olvido, la violencia, la falta de acceso a una educación pública de calidad, la inaccesibilidad a saneamiento básico, la impunidad y la exclusión del Estado nos agobian cada día más y nos hacen menos ciudadanos. La Dignidad Humana en esta nación solo quedó en unos artículos de su pisoteada y ‘perrateada’ Constitución.

Como podrán ver, en ese largo listado no metí la corrupción. ¿Por qué? Porque mientras existan seres humanos la corrupción siempre va a existir. Y ha existido desde que una pareja se dejó sobornar por una manzana, otro se vendió por un plato de lentejas y otro más avezado vendió a un mesías por 20 monedas.

Ayer, hoy y siempre habrá corruptos.

La cuestión es que cuando hay una Justicia, representada en un Poder Judicial honesto, independiente, autónomo e incorruptible la corrupción ser reduce a su mínima expresión. Llega el momento en que un caso de corrupción llega a escandalizar a una sociedad. No como hoy, en donde se celebra el ‘corone’ y la impunidad.

A esto hay que agregarle una reingeniería a la educación en todos los aspectos de la vida. Iniciando desde la casa en donde padres celebran las ‘hazañas’ del hijo ‘vivo’, timador y calculador.

No nos engañemos. Ni Uribe ni Petro son la solución a este país, ellos y sus enfermas huestes –de ira, odio, resentimiento, rencor y sedientos de venganza- son el verdadero problema.

No existe en esta tierra una sola sociedad que haya florecido o prosperado, atiborrada hasta la médula de ira, odio, resentimiento, rencor y sedienta de venganza

Así como algunas veces en la vida el destino de un país depende de la integridad de un solo hombre, también es más cierto que la desgracia de una nación también pende de la soberbia de un hombre… en este caso de dos… más peligroso todavía. Y dos fueron los que acabaron a Venezuela.

Ellos se autoproclaman liberales, socialistas, demócratas, progresistas, derechistas, izquierdistas… pero yo los veo como peligrosos anarquistas ‘viejenials’. (A los ‘milénial’ no les importa esto).

“Esta es una Justicia a la cual se le teme y no se le respeta”, así lo dijo hasta la saciedad Don Rodrigo García Caicedo (Q.E.P.D.).

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