Mi amigo, te mató el sistema de salud

Mi amigo, te mató el sistema de salud

Por: Toño Sánchez Jr.

Conozco muchas personas que son ‘muy buenas personas’, pero jamás se me había ido una, tan pronto, que fuera tan bella persona como lo fue Clímaco Navas Puche.

El lunes 30 de mayo, después de terminar mi programa, marco un número en mi celular, me contesta Clímaco, me sorprendo, porque no era el número que estaba marcando.

A penas escucho la voz al otro lado sé que es Clímaco. Lo saludo. Pero al escucharlo sé, que algo no está bien.

Me cuenta rápidamente toda la burla a la que lo ha sometido su EPS (La que era antes Seguro Social). Se pone a llorar y me dice que lo están dejado morir. Yo me quedo sin palabras y recurro a la FE. Le digo que lo quiero y que de esta vamos a salir.

Cuelgo.

Mito el celular y compruebo que el número a marcar era otro.

Pero en mí queda una sensación de despedía… de Clímaco.

Agité mi cabeza y me dije que eso no era así.

El jueves, veo una llamada, mientras hacía mi programa, supe enseguida que algo había pasado. Termino, y me dicen que Clímaco había fallecido.

Reto, a monteriano  o cordobés, a que me diga si Clímaco Navas Puche no era una buena persona.

Era de esos amigos que uno quería tener desde la infancia.

Clímaco se quitaba la comida de su boca para compartirla, pero si tu necesidad era tan grande, te la regalaba toda.

Era un ser humano por esencia bueno. Sabía que existía la maldad, pero jamás permitió que se acercara a su vida y familia.

Tenía un bello y envidiable especial amor por su esposa y sus tres hijos varones que uno quería copiarlo para los suyos.

Un día me contó que uno de sus pelaos estaba embarrándola. Le dije, ‘ponlo a calificar servicios’. Me respondió con una sabiduría que yo no tenía. “No, no. Él es mi hijo, si lo echo puede irse a hacer algo malo”.

Clímaco conoció ser pensionado, con el sueldo mínimo, en 2019. Eso fue para él como haberse ganado la lotería de Miami.

Pero antes de pensionarse se ganaba la vida regalándole su trabajo a la Liga de Softbol. Entrenaba con ellos todo el año, pero solo le pagaban cinco o seis meses al año.

Cuando todo mundo se dio cuenta que era mi llave, le decían: “Dile a Toño que te ayude”.

Clímaco, jamás!!!, usó nuestra amistad para pedirme algo.

Pero yo sabía por lo que atravesaba. Además, que muchos de sus amigos se lo decían. “No joda, eres amigo de Toño Sánchez y estás pasando hambre”.

Le preguntaba: “Clímaco, te pagaron?”.

Me respondía que en pocos días lo harían, pero me pedía que no dijera nada, para que el director de Indeportes no fuera a pensar que él era quien se quejaba. Ya que todo mundo sabía que éramos amigos.

Fueron tantos los miserables directores de Indeportes y presidentes de liga (ÚNICA EXCEPCIÓN, JOSE CARLOS BERROCAL) que le cobraron ser mi amigo.

Clímaco no conoció la palabra NO! Para lo bueno.

Siempre te hacía un favor.

Un día estábamos haciendo un pedido de unos almuerzos y me empezó a comentar que él sabía de todo eso.

Resulta que había sido mesero y coupier de un hotel de Cartagena. Me juró que en ese hotel vio cantar a la negra Celia Cruz. Que toda la ‘perrera’ del hotel la dejaron asomarse a ver la negra.

Un día me dijo que el sabía de platos finos y que dejara de ‘pordebajearlo’.

Le gustaba la salsa, como a los buenos sofbolistas. Y la bailaba con un estilo bien peculiar.

Me quiero quedar con un recuerdo de este entrañable amigo, a quien le conté mis tristezas, no me contestaba nada, solo me decía, algo mejor viene,

Era el manager la Universidad del Sinú.

Ese día jugábamos con nuestro rival de turno. Yo llegué tarde, ya estábamos en la parte alta de la primera entrada. Bateabamos nosotros y teníamos bases llenas con un out en la pizarra.

Llega al plato un muchacho de apellido Enamorado. Por una locura de él decide tocar la bola.

En softbol de bola blanda (Chata) eso está prohibido y se castiga con out automático para quien lo haga.

Esa jugada genera un ataque de los aficionados contra Clímaco, en especial de sus reales contradictores.

Le gritaban:

“Eso es lo que le enseñas a los estudiantes, a tocar la bola cuando no se debe’”.

Se lo vamos a decir a las becharas, que no sirves.

Clímaco se viene para el Dugout como un demonio.

Y le grita a Enamorado: “Cuándo te di la seña de toque”. “No juegas más”.

Mira para dentro y dice: “Juega Toño”.

Yo era el Catcher.

Me pongo todos mis aparejos y salgo al terreno.

Cuando el público ve que Enamorado no sale, sino yo. Gritan desde las gradas:

“No joda!!!!! Navas, que rosca tan hijueputa, mandaste a tocar la bola a ese  man, para después sacarlo y meter a Toño Sánchez!

Eso jamás fue así.

Pero así fueron todas las cosas con Clímaco.

Mi amigo, te fuiste, pero te sigo amando.