Salud mental, Córdoba un paciente crítico

Salud mental, Córdoba un paciente crítico

Cuando la Covid-19 apareció todos los expertos en psiquiatría y afines, atinaron a advertir, “el confinamiento agravará los problemas de salud mental”.

De eso casi nadie habla. El problema se plantea en medios de comunicación, pero la ciudadanía obvia el tema porque consideran que eso “es de locos” y que solo les pasa a las familias pobres, en hacinamiento y personas con adicciones.

Cuan equivocados estamos. Ese problema es como el coronavirus, no conoce estrato, condición social, ni distingue géneros ni edades. Lo que pasa es que en estos tiempos de confinamiento se hizo más evidente y la estadística creció.

Córdoba por ejemplo creció en más de un 40% las denuncias oficiales de violencia intrafamiliar, que nacen de trastornos mentales. Pero más allá de la estadística oficial, ¿cuántos están en el subregistro?.

Nadie está exento de una depresión, de una respuesta o comportamiento agresivo que después con cabeza reposada entiendes que te equivocaste, pero el 99% no corrige, solo lo deja pasar y lo hace costumbre.

El problema está sobre diagnosticado, entonces ¿qué hace el Estado?. En la pandemia se dedicaron a fortalecer líneas telefónicas y virtuales de atención. Colapsaron, y esa es una evidencia latente del problema.

Aprovecho para agradecer a profesionales particulares e instituciones que han salvado vidas a través de una atención gratuita virtualmente o telefónica.

¿Existe una política pública de salud mental aplicable?, no. En Córdoba, la Gobernación y la Alcaldía de Montería contemplan la construcción del primer y hasta ahora, sería el único, centro de salud mental y rehabilitación.

Por qué entonces no proponer que por subregiones los municipios se asocien para montar uno. ¿Saben cuántas madres de familia tienen problemas con sus hijos por culpa de las adicciones, depresión, actuaciones suicidas, etc, y no tienen dónde acudir?

Las Empresas Sociales del Estado y las EPS tiene por ley la obligación de abrir esos espacios, pero miran los pacientes como clientes, no como pacientes a los que hay que acompañar.

Las buenas administraciones no solo se miden por obras de cemento, sino de verdadera inversión en el ciudadano.

La Organización Mundial de la Salud declaró la importancia
de la salud mental y estableció la necesidad de promover el bienestar, la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de las personas con trastornos mentales.

Colombia adoptó estos lineamientos, pero la crisis de la salud de los últimos años afectó la atención de los pacientes con enfermedad mental.

Se han hecho importantes esfuerzos por promulgar leyes y políticas que acaben las brechas para el diagnóstico y el tratamiento y transformar la realidad de los colombianos que sufren trastornos mentales.

Conclusión: la salud mental continúa siendo la cenicienta en las políticas públicas. Es evidente la falta de coherencia entre lo que se propone y lo que ocurre por la inadecuada
implementación e interpretación de las normas, falta de voluntad política o miopía de los adminstradores.

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