Un cordobés puso la agenda climática del país como centro de gobierno

Un cordobés puso la agenda climática del país como centro de gobierno

En el marco de la COP26, la Cumbre Mundial de Cambio Climático más relevante, Colombia ha ejercido un liderazgo importante, ganado no solo por sus compromisos en materia de sostenibilidad, gestión y desarrollo medioambiental, sino además por la gestión concreta, con rigor técnico, y acertada de un cordobés, sí, el ministro Carlos Eduardo Correa, quien es, además, el jefe de la Delegación de Colombia en Glagow, (Escocia, Reino Unido), donde se realiza el encuentro global.

Este liderazgo inédito para el país no fue de la noche a la mañana. La Estrategia Climática de Largo Plazo de Colombia, E2050, con la que el país reducirá sus emisiones de gases contaminantes al planeta, fue reconocida por todos los actores mundiales presentes en esta conferencia que agrupa a las naciones más interesadas en cuidar el planeta y aunque nuestro país no es el mayor emisor, (solo el 0.6% de las emisiones globales), sí está en la lista de los más vulnerables a los efectos del cambio climático, una realidad que los mismos cordobeses hemos vivido por cuenta las atípicas temporadas de lluvia, por mencionar un ejemplo.

También es la primera vez que el país lidera las negociaciones en la Cumbre Mundial de Cambio Climático, pues Colombia fue escogido como facilitador en la mesa de Balance Mundial que hace seguimiento a todos los compromisos de los países participantes en la COP26. Asimismo, hay que destacar el ingreso del país al Programa Internacional de Acción del Clima de la OCDE, que medirá de manera efectiva los avances para cumplir los objetivos del Acuerdo de París.

Correa ha sido el principal impulsor de la agenda climática del país a nivel nacional y ahora en el ámbito internacional, una labor que le fue encomendada por el Presidente Iván Duque y que ha cumplido desde el día uno de su posesión, pues ya como alcalde de su ciudad natal, Montería, demostró sus capacidades de gestión y liderazgo, especialmente en el sector ambiente, logrando consolidar el Plan de Acción de Montería 2032 a 20 años, porque lo que sí está claro es que los cambios se logran estableciendo metas ambiciosas, medibles, pero sobre todo realizables.

Colombia definió en diciembre de 2020 unas metas que a todas luces son altas, y podría creerse que difíciles de cumplir: la reducción en un 51 % de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y cero deforestación al 2030, alcanzar la carbono-neutralidad al 2050, y una a corto plazo: sembrar 180 millones de árboles a 2022. Y es la iniciativa ministerial, vuelvo y digo, en cabeza de un cordobés, la que marca la hoja de ruta para la sostenibilidad ambiental de la nación, que ya se empieza a ver como un ejemplo para las demás naciones.

En materia de recursos económicos, se logró la financiación de las acciones de conservación y protección de la Amazonía, con la donación de 30 millones de dólares de parte de Reino Unido, Alemania y Noruega, además se obtuvo un crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID y otros aliados, por USD $1.200.000, que serán destinados a la reactivación económica sostenible, dinero que tiene una trazabilidad permanente y de ejecución estricta y vigilada por mecanismos internacionales multilaterales. Y justo eso es lo que se busca en la Cumbre Mundial de Cambio Climático o Conferencia de las Partes COP26, financiación. En ese sentido, aquí ya hay otro logro que pesa sobre los hombros del ministro cordobés.

Esta columna no se trata de alabar sino de reconocer la labor de un cordobés que sin duda ha trascendido de lo local a lo global y ha puesto la agenda climática del país en el centro del gobierno, tanto así, que todas las carteras ministeriales han incluido en su discurso y en sus programas, acciones ambientales para sumar a la meta.

Pero algo sí debe quedar claro, Córdoba, más allá de los lamentables hechos negativos que han involucrado personajes de la política y que pagó con la estigmatización nacional, como si la corrupción solo fuese un problema regional, muestra también hombres capaces de impulsar políticas públicas trasversales de las que el mundo habla, pero nadie ejecuta.

Hoy, este hijo de Córdoba, planteó el problema, planeó la estrategia y ante el mundo es reconocida como una política pública estatal ejemplo. La ruta está definida, y quedará en manos de este Gobierno y los nuevos huéspedes de la Casa de Nariño, darle aplicabilidad.

La tarea de planificación está hecha, ahora hay que pasar de los discursos ambientales a la aplicación.